domingo, 4 de marzo de 2012
Desde que murió papá, por la fuga de mi escondite veo hombres distintos, extraños, altos. Ayer, uno de ellos me descubrió, desde entonces mamá llora mucho y siempre. Hoy, al límite de su tristeza ha adelantado mi ducha de sábado, me ha coloreado con su brillo de labios y al fin me ha permitido jugar en su habitación.
viernes, 27 de enero de 2012
Juego inocente
miércoles, 28 de diciembre de 2011
Tarea navideña

jueves, 15 de diciembre de 2011
¡Artistas! (+ tarea y juego)
Por todo el mundo resuena el grito del corazón del artista.
Permíteme hacer todo aquello de lo que soy capaz.
Brindo por más festines y más arte con ustedes. La cita y la escena son de una película que vimos el lunes en el Club de Lectura. He puesto más cositas sobr9 este tema en el blog del Club de Lectura aquí.
Os recuerdo que para el próximo miércoles retomamos Letras Libres por el Mundo. El lugar elegido ha sido Oceanía, concretamente tenemos que buscar literatura aborigen y curiosidades literarias (o no) de las gentes ese continente.
También durante la clase de ayer miércoles, hicimos un pequeño juego basado 9n el siguiente micro-relato:
Mientras subía y subía, el globo lloraba al ver que se le escapaba el niño.
Como podéis ver, simplemente cambiando el orden usual de los elementos en rojo, el autor consigue un efecto mágico y chispeante. Pues bien, el juego consistía en hacer un microrrelato con una estructura similar, alterando los elementos de forma parecida. Puede ser entre el pan y el comensal, entre una melena y un peine, entre la escoba y el limpiador, entre los ojos y la luna, en fin, lo que se ocurra. En clase salieron muchas frases muy bu9nas y salimos muy contentos.
Si alguno/a queréis participar en este juego, podéis hacerlo escribiendo vuestra frase en un comentario en esta entrada. ¡Que lo disfrutéis!
martes, 3 de mayo de 2011
Patologías "deshechadas"
miércoles, 2 de febrero de 2011
Breves microminirelatillos
2. Jamás volvió a ser el mismo, desde aquel fatídico día en que se le partió el hilo de la cometa que lo mantenía aferrado a la tierra.
martes, 1 de febrero de 2011
MATAMORES
se lo comió.
viernes, 28 de enero de 2011
Maternidad
Anatxu
miércoles, 24 de noviembre de 2010
Defensa de la Mierdáfora
La chacha de los labios (no el babero)
La parranda de la hormona (no el deseo)
El sudoku de Darwin (no Tasmania)
El atlas del hambriento (no la mesa)
La trena de la verdad (no el engaño)
La puta de los estambres (no la abeja)
Los pellejos de Cristo (no la hostia)
Desaguar vida a espasmos (no correrse)
El váter del universo (no el vórtice)
La orina de Deméter (no la birra)
La cogorza del mar (no el tsunami)
La ambrosía del yonkarra (no los gramis)
domingo, 21 de noviembre de 2010
En defensa de la metáfora.
Me encantan los cursos a distancia,jejejej
El crujir de los sentidos.....( que no la caricia )
y la nana de mis pensamientos.....(que no tu voz)
el rayo que me quiebra......(que no la mirada)
o el calor de hogar.......(que no tu abrazo)
son los que ponen salazón.....( que no alegría)
a este intercambio de energía ......( que no la vida)
Féliz semana a todos.
martes, 29 de junio de 2010
Ejercicio veraniego: Cuando fui...
Cuando fui ruiseñor te silbé la más triste melodía al oído.
Cuando fui viento cambié una primavera por dos inviernos.
Cuando fui luna mostré mi cara oculta a las estrellas.
Cuando fui ola intenté huir del mar cuando no miraba.
Cuando fui tierra temblé de gozo bajo mil pisadas.
Cuando fin corazón perdí el ritmo contemplando unas caderas.
Cuando fui árbol me alcé al cielo implorando un deseo.
Cuando fui canción olvidé el destino que escribieron en mis notas.
Cuando fui hierba me sentí dueña de un pedacito de cielo.
Cuando fui pensamiento trepané tu cerebro en busca de una neurona rebelde.
Cuando fui palabra susurré una idea desde la distancia.
Cuando fui poema dejé un recuerdo al ladito de tu almohada.
Y ahora que no soy nada.... ¿seré capaz de aprender a quererte?
Espero ansioso vuestros "Cuando fui..."
¿Alguien se anima?
martes, 24 de noviembre de 2009
El patio de mi casa
El patio de mi casa no es particular, se podría decir que es público
cuándo llueve se moja y hasta , a veces, se boza
cómo algunos o los más
En el último chaparrón de cuya memoria hoy quiero acordarme
El husillo tragaba a velocidad helicoidal y el agua, más rápida, subía, subía…
y subió hasta la línea de inundación convirtiendo mi patio en alberca provisional que tapaba agachado, eso sí,
para un buen chapuzón.
Y acabando de achicar barros y hojarascas se me metieron los operarios que me hacían una chapuza de las de una semana que duran más d e un mes. Allí estaban desde las 7, clareando el día ya martilleaban y se canturreaban y arrastraban y taladraban y voceaban y hormigonaban…y a eso d e las doce mi patio era todo un ágora por dónde circulaban las noticias del día -¡Qué ruina, compadre, tenemos en lo alto cómo no vuelva a llover!-, los desahogos de mediamañana -¡ tenerlos, tenerlos…los del Alcorcón!, aunque pa echarle a esa partida de princesitas madrileñas valen los de perdiz- los suspiros canturreados –Tengo el corazón partío, el corazón partío…-
pero lo que más circulaban eran las gentes: el del butano que venía a comprobar…el vecino que aprovechaba para pedir un presupuesto de no se qué obra pues ya que he visto…dos transportistas equivocados que se cuelan hasta el dormitorio con un pedazo de armario que va dejando sus huellas en los zigzag d e la escalera, una pareja de deportistas guiris que suben y bajan escaleras tomando mi patio por una etapa de su carrera, unos hombres que ofrecen unas cervezas mientras celebran lo bien que está quedando mi obra y que todavía no he pillado quienes eran y eso que le pregunté a los cuatro jubilados que sentados en mis butacas d e plástico tomaban el sol y pasaban la mañana comentando que ya no se hacen obras como las de antes…
El patio de mi casa no es particular…Fita
martes, 17 de noviembre de 2009
Aguarrante
Levantó la cabeza y un sol cegador selló sus párpados, pero la nueva imagen estaba ya impresa en su retina, en un cerrar de ojos. Los mismos que, cuando necesitan aliviarse de tanta y tanta sequedad, lloran lágrimas de polvo y pedramol.
Despegó sus párpados y buscó la sombra sobre la anaranjada arena. Puso su mano extendida sobre la frente al tiempo que alzaba la vista. ¿Qué era lo que veía? Parecían tres globos de colores, desinflados, que danzaban alegres en el aire y de los que colgaba no sabía qué. Fuera lo que fuera, cada vez estaba más cerca del cálido suelo.
Amal siguió su trayectoria hasta poder alcanzar este regalo de la tarde. De un salto agarró el lastre que colgaba de los globos. Se sentó a observar su tesoro. Los globos se los daría a sus hermanos pequeños Dudú y Sidi para que, con los niños de su daira, jugaran con ellos. Sí, era una buena idea -pensó- así podrían inventar juegos nuevos.
Sus pequeñas manos se detuvieron en una bolsa desgarrada, que crujía al tocarla. Dentro había algo. Desató con esfuerzo los nudos de los cordones umbilicales que la unían a los descoloridos globos. Una sonrisa afloró a sus labios al pensar en lo contenta que se pondría su madre con estos hilos. Abrió la bolsa y una libreta de papel, más pequeña y oscura que las de la maestra, se brindaba a ser descubierta. El color de la parte de fuera era distinto al de las hojas que abrigaba. En ellas no había dibujos pero estaban llenas de letras y palabras y palabras. Nerviosa cerró el cuaderno, lo acarició y pasó una a una sus páginas a la vez que hilvanaba en su cabeza las palabras que nacían de su corazón. Seguro que las que dormían en el interior del cuaderno eran mágicas, como la lluvia, porque era un regalo llovido del cielo.
Volvió con su familia. El sol ya se había ocultado, la luna no había nacido y dentro de poco la espesa melena de la noche acabaría tragando a las estrellas. Además, en las dos hojas de papel que le regaló Aminatu, quería escribir las palabras que retenía en su cabeza y brincaban en sus poros: un cuento sobre su amada gente.
Decidió guardar la libreta hasta que alguno de los extranjeros que visitaban su wilaya, amigos de su pueblo, pudieran desvelarle, con una voz distinta a la suya, los sonidos que acunaban en cada una de sus páginas.
Cuando aquella tarde de diciembre Óscar llegó a Tinduf, lo trasladaron al campamento de refugiados de Smara en el que estaba la jaima de la familia Haidar, su hogar durante los próximos 20 días. En la entrada lo esperaban tres pares de ojos inocentes que brillaban como estrellas; eran Amal y sus hermanos.
Era su primera visita a los campamentos de refugiados. Lugar árido e inhóspito poblado de gente hospitalaria que la sinrazón de pueblos hermanos ha pisoteado, robado y masacrado, negándoles el derecho a la vida. Sobreviven en este lugar remendando a cada paso sus huellas para que no se borre su rastro en la arena y en el viento. Bautizan su historia día a día con lealtad y gratitud hacia los hermanos y amigos que forman parte de este destierro provisional que dura ya 34 años, siempre con la sonrisa en la mirada.
Óscar empleaba las mañanas y parte de las tardes en revisar y evaluar los proyectos que la asociación humanitaria con la que colabora tiene en marcha en este reseco lugar. Después vuelve a casa. Dudú, Sidi y Amal lo esperan para jugar y reir juntos; los adultos para disfrutar de una serena charla rociada con té verde.
Dos noches antes de su regreso, Amal se acercó a Óscar. Traía en sus manos un cuaderno de color casi negro y unos folios doblados escritos con rasgos infantiles. Óscar cogió el cuadernillo, lo reconoció y se acordó de su padre; la voz de éste dormía entre sus páginas. Lo acarició largamente contra su desbocado pecho, lo abrió y su voz comenzó a desvelar los registros y timbres de cada palabra, la cadencia de cada pausa, el susurro de cada silencio. Amal lo escuchaba hipnotizada.
Después del último susurro, Amal le entregó el cuento que había escrito. Le pidió que lo colgara de cuatro globos de colores (blanco, verde, negro y rojo) y lo lanzara al viento. Así, a través del espacio, llegaría a las manos amigas que le habían brindado tan hermoso tesoro. Óscar sonrió, afirmó que así lo haría y añadió que estaba seguro que pronto tendría noticias de las voces de sus amigos y amigas.
Berta.
martes, 6 de octubre de 2009
Yo también fui...
Fui el número tatuado en un dorso no nacido.
Fui la muñeca ennegrecida y sin cabeza de una niña malcriada.
Fui la escotilla siempre abierta por la que asoma un olvido.
Fui la corbata más preciada que jamás colgó de un cuello.
Fui la constelación por la que orbitan cien agujeros negros.
Fui la mancha luminosa en un día gris oscuro.
Fui la perdición maniatada que corre tras el hilo.
Fui la mecha que clama por un fuego vagabundo.
Fui la maleta nunca usada y llena de pergaminos.
Fui el lienzo desdeñado con un verso descolorido.
Fui el traficante de golosinas al que nadie puso nombre.
Fui el día secuestrado por una noche codiciosa.
Fui un gusano que sin seda se quedó al mediodía.
Fui la sombra que corría tras la luz de cada antorcha.
...
Soy una mariposa que robó la seda para renacer libre y hermosa.
miércoles, 25 de febrero de 2009
Escondida tras la cortina del portal, bajo los anaqueles de aquel mueble disparatadamente solemne del zaguán. Allí, agazapada, sentía mis pulsos agitándose con tanta vehemencia que temía que me pusieran en evidencia. Cuando la respiración me faltaba, aún trataba de contenerla encauzándola con las manos hacía el camino de vuelta, para adentro. Las carreras de los chicos por toda la casa, sus gritos, al ser descubiertos en sus escondrijos, me tranquilizaban.
No me encuentran.
Oía a mi hermana llorar al ser jalada desde debajo del sillón del abuelo. A los mellizos reírse de Marcelo que había buscado las faldas de la yaya para esconderse y ésta lo había delatado con su caminar atropellado.
Todavía me buscan.
Murmullos y confidencias que no alcanzaba se iban alejando y alejando…
¿Me buscan?...
Agitada, temblaba del miedo a no ser descubierta.
¿Y si no se acordasen que había venido con ellos hasta esa casa a recoger los últimos y escasos enseres que podíamos llevar con nosotros a nuestro nuevo destino, más allá de la ciudad, tan lejos…? Había sentido la puerta cerrarse y a la abuela refunfuñar su plegaría de despedida, como para santificar nuestra ausencia. No los oía, comenzaba a inquietarme.
¿Se irían sin mí?
Apretujándome contra la pared, enmarañándome con los recobijos del rincón, comencé a deslizarme fuera de mi escondite, primero despacio, después, impaciente, empujé el mueble lejos de mí. Allí estaba, al descubierto de un enjambre de chicos que tiraban de mí burlándose de mis piernas por dónde se deslizaba el miedo y mojaba unas zapatillas que me delataban. Estallé en risas.
¡Me habían pillado!


