Los estudios de ADN aplicados a
restos prehistóricos están suponiendo un nuevo amanecer en el conocimiento de
nuestros orígenes. El último de estos estudios aparecido en la revista
norteamericana Cunning Science está siendo motivo de polémica y ha llegado a
ser rebatido en un comunicado del Vaticano. Todo comenzó hace seis años en la
universidad médica austríaca de Truthahnfett en donde un equipo de investigadores
consiguió aislar en un grupo de estudiantes voluntarios una hormona desconocida
hasta entonces. La hormona fue bautizada con el término PRL/5-HT debido a sus
similitudes con la serotonina y la prolactina. Posteriores estudios no
consiguieron aislar de nuevo la hormona y el descubrimiento quedó aparentemente
en el olvido sin haberse conseguido averiguar su funcionamiento en el cuerpo
humano.
Pero aquel descubrimiento no se borró
de la mente de una de las becarias que trabajaron en el estudio. Las técnicas
de obtención de ADN mitocondrial en restos antiguos han avanzado hasta el punto
de revolucionar nuestro árbol genealógico ancestral y el origen de nuestro
comportamiento. Eso animó a la otrora becaria, hoy investigadora, Laura Schwindel
y su equipo a recomponer el grupo de trabajo de la universidad de Truthahnfett.
Tras muchos análisis en un universo de restos de ancentros cavernícolas, llegó
a aislar el ADN de la hormona PRL/5-HT, bautizada por ella misma como “hormona
de la navidad“. Consiguió determinar que la citada hormona sólo se detectaba en
restos aparecidos en cavernas y no en restos encontrados fuera de ellas. Ese
hecho le hizo pensar en que su efecto en el ser humano podría consistir en una
especie de simpatía con el resto de congéneres para sobrellevar las largas
jornadas de convivencia confinados en un espacio reducido.
El siguiente paso sería contrastar
sus estudios con los realizados seis años antes. Cuál sería su sorpresa al
comprobar que las extracciones de sangre a alumnos con contenido de la hormona PRL/5-HT
se habían realizado en fechas cercanas a la navidad y las que no, en otras
fechas del año. Aquella circunstancia corroboraba su teoría y daba por fin una
explicación científica al tan manido espíritu
de la navidad .
El último paso consitía en experimentar
con la hormona obtenida y que aún se conservaba en el laboratorio. El pasado
verano la doctora Laura Schwindel formó tres grupos de estudiantes en el
campamento de verano de la universidad de Truthahnfett. Inyectó un
placebo a dos de los grupos y la hormona PRL/5-HT, hormona de la navidad, al
tercero. Hoy confiesa su tremenda sorpresa al comprobar los resultados: el
grupo inyectado con la hormona de la navidad olvidó su característico y
recatado caracter centroeuropeo, se reunió por las noches alrededor de su
hoguera cantando preferentemente villancicos y otras canciones exaltando la
amistad, realizó una colecta pro ayuda al tercer mundo y consiguió convencer a
la dirección para que les permitiera acceder a la cocina para elaborar dulces.
El artículo de la revista Cunning
Science no ha tardado en tener consecuencias entre los distintos movimientos cristianos,
sobre todo católicos, hasta el punto de la publicación de una airada nota de
protesta del Vaticano firmada por el cardenal Inganno dudando de los métodos y
resultados del estudio de la doctora Schwindel
y desacreditando su profesionalidad basándose principalmente en su condición de
mujer. “No hagamos caso de las palabras de un mamón que vive de
la imposición de una doctrina caduca” declaró la doctora Schwindel en una
declaración informal en las puertas de su universidad.