jueves, 21 de febrero de 2008

Tarea:

Escribir lo que sea que tenga que ver con la palabra: OBNUBILACION.

Según la RAE:

obnubilación: Acción y efecto de obnubilar. 2. Ópt. Visión de los objetos como a través de una nube.

obnubilar: nublar (ǁ ofuscar o confundir). 2. embelesar. 3. nublar (ǁ enturbiar la visión).

Ánimo y al toro.

Recuerdos: Monos de playa

En la última clase hicimos comentarios acerca de los encuentros en el árbol de la playa del pasado curso. Pongo esto aquí para que los nuevos compartan con nosotros aquellas vivencias y también para que los "antiguos alumnos" recuerden y disfruten de nuevo. Saludos a tod@s.



http://escueladeletraslibres.blogspot.com/2007/05/monos-de-playa.html

miércoles, 20 de febrero de 2008

Presentación libros Fernando Quiñones



Gracias a nuestra amiga Merche Pons hemos recibido a tiempo la invitación a esta presentación en el Teatro Moderno. Creo que la ocasión merece el terminar la clase media horita antes esta tarde para asistir a la misma.Taluego.

martes, 19 de febrero de 2008

un par de poemas nadaístas

RUEGO A NZAME

Dame una palabra antigua para ir a Angbala,
con mi atado de ideas sobre la cabeza.
Quiero echarlas a ahogar al agua.

Una palabra que me sirva para volverme negro,
quedarme el día entero debajo de una palma.
Y olvidarme de todo a la orilla del agua.

Dame una palabra antigua para volver a Angbala,
la más vieja de todas, la palabra más sabia.
Una que sea tan honda, como el pez en el agua.

¡Quiero volver a Angbala!

JAIME JARAMILLO ESCOBAR (1932- ) (Nadaísta)




PLEGARIA NUCLEAR DE UN “COCACOLO”


SEÑOR QUE TE TIENES
QUE ME TIENES
QUE TIENES LA GALAXIA
QUE TIENES EL URANIO.
SEÑOR, YO NO ME TENGO.
SEÑOR QUE HABITAS EL ATOMO MÁS AZUL
EL MÁS EXTENSO EL MÁS REDONDO
EL BASTANTE CONSTRUIDO.
ESTOY SENTADO EN ESTE BAR
Y BEBO COCACOLA
PARA PODER HABLARTE:
YA TENGO MIS BLUEJEANES
DE AZUL COMO DE ROSA SUBMARINA
DESTEÑIDOS COMO UN LAVADERO
DONDE LAVAN TERNEROS ASEXUADOS
MONEDAS FALSAS DE ORO Y CONDECORACIONES.
YA TENGO MI CORREA DEL ESTE O DEL OESTE
MI CORREA CON CHAPA DE SOL
A MEDIO DÍA A LA ORILLA DEL RÍO
PROLONGADA COMO EL CAMINO LECHOSO
QUE PINTASTE CON YESO
SOBRE LAS NALGAS LA ESPALDA EL MUSLO
O EL PECHO DE LA NOCHE.
YA TENGO MIS MOCASINES DE SUR O NORTE
DESALMADOS INHERENTES
YA LLEVAN 15 DÍAS FINOS
Y ELLOS COMO UNA BOMBA DE JABÓN
Y ESTOS LARGOS COMO EL ESTORNUDO
DEL FUSIL MÁS AHUMADO.
NO TENGO UN AUTOMÓVIL QUE BRILLE MEJOR
QUE DOS NARANJAS EN EL REFRIGERADOR
QUE RUEDE MEJOR QUE DOS BOLAS DE BILLAR
SOBRE EL CIELO VERDE QUE HABITA CUATRO PATAS
PERO TENGO MIS HUESOS LARGOS
FORRADOS DE MÚSCULO BRILLANTE
QUE HACEN CAMINAR
PERO NO TENGO CÓMO PONER EL BRAZO
CONTRA LA ESPALDA DE UNA “COCACOLA”
PERO NO TENGO CÓMO SENTIR
MIENTRAS VOY POR EL CAMINO
EL CABALLO CASTAÑO QUE ME RUEDA –COLA-DE CABALLO-.
YO NO ME SOY
YO NO ME TENGO
PERO YO HE OIDO QUE HIEREN LAS ESTRELLAS
CON ESQUIRLAS DE GRANADAS RADIOACTIVAS
Y LLORAN SUS PESTAÑAS Y SUS PÁRPADOS
YO HE VISTO QUE JUEGAN CON FÓSFOROS ENORMES
Y ENCIENDEN EL TABACO ESTRATOSFÉRICO
EL CIGARILLO
LA IONOSFERA
YO HE VISTO QUE JUEGAN UN BILLAR CIRCUMTERRESTRE
Y HACEN CARAMBOLA CON VANADIO
QUE ENSAYA UN RITMO LARGO
- QUE AULLA UN PERRO CON ANTENAS-
HE SABIDO QUE LOS PERROS ORINAN
CONTRA EL EJE DE LA TIERRA
QUE LADRAN RADIACIONES A MILLARES
DE NUDOS DE COMETAS
YO NO ME TENGO
YO NO ME SOY.
SEÑOR, YO TE CONFIESO QUE BAILO ROCK AND ROLL
QUE ME BAÑO DESNUDO Y SOLO
QUE UNA VEZ HE FUMADO MARIHUANA.
SEÑOR, SÓLO TE PIDO CIGARRILLOS EXTRANJEROS
QUE ME CONSERVES LOS BLUE-JEANS DESTEÑIDOS
LOS MOCASINES LARGOS
LA COCACOLA HELADA
QUE ME DEJES IR AL CINE PORQUE NO TENGO AUTOMÓVIL
SÓLO TE EXIJO: YO NO SOY NI PIENSO SER.
TIÉNEME, SEÑOR, QUE HABITAS EL ATOMO MÁS AZUL
Y MÁS EXTENSO
Y MÁS REDONDO.

Amílkar Osorio.
HAY QUE HACER MUCHAS COSAS TODAVÍA

Hay que hacer muchas cosas todavía:
Encender la candela de nuestra conciencia,
distinguir la realidad de la ceguera,
acariciar la vida; única herencia,
construir poco a poco todas las quimeras.

Hay que hacer muchas cosas todavía:
Mirar la luz dentro del corazón amigo,
jugar con el mundo sin tomarlo en serio,
recordar la historia y sus enemigos,
celebrar la caída de cualquier imperio.

Hay que hacer muchas cosas todavía:
Quemar las afiladas púas del recuerdo,
ahogar la razón en licor de espina,
infligir toda ley o todo acuerdo,
destronar a reyes o alcanzar colinas.

Hay que hacer muchas cosas todavía.


ANTONIO FASSA

lunes, 18 de febrero de 2008

Hala, más deberes

El miércoles pasado no vino mucha gente así que supongo que necesitareis el trabajo que hay que llevar esta semana. Que viendo que ya mañana es martes y nadie lo ha subido me ha dao no sé qué no ponerlo. Esto también puede dar mucho de sí, me parece muy sugerente. Hay que completar, lo que cada uno imagine.

Hay que hacer muchas cosas todavía:
encender........
distinguir.....
acariciar.....
construir.....
Hay que hacer muchas cosas:
mirar....
jugar.....
recordar.....
y celebrar....
Hay que hacer muchas cosas todavía:

Eva.

sábado, 16 de febrero de 2008

La Abuela de nieve

LA ABUELA DE NIEVE

Cuando el cadáver de la abuela empezó a oler mal, decidimos sin más remilgos que había que sacarla fuera de casa. Yo me incluí en aquél "decidimos" por pura casualidad pues en el momento en que la familia se respondía si sacaba a la abuela fuera yo pasaba por el salón. Quiero decir para que se entienda bien que no se trataba de tirar a la abuela a la calle sino de airearla un poco mientras no se pudiera llevar al cementerio, y de paso ventilar también el salón. Nuestra casa estaba situada a las afueras de un pueblo, en plena sierra. Un río nos impediría la comunicación con el mundo de no ser por el viejo puente que lo cruzaba. Dicen que podría ser romano aunque yo creo que solo era viejo. En todo caso el temporal de lluvia y nieve no va a permitir que ningún estudioso lo verifique; la crecida se lo llevó por delante. Como tampoco permitió que pudieran venir a llevarse el cuerpo de la abuela. Llevábamos algunos días esperando que el cabezón del alcalde hiciera algo que nos ayudara a salir de aquella situación, pero como mi familia no era muy amiga del pueblo y el alcalde no era arquitecto, pues así queda justificado el mal olor que inundaba toda la casa.
No sabría explicar el olor, tan solo que era muy penetrante y que se parecía a aquél cuando la abuela se agachó bajo la higuera para coger higos del suelo y yo me llevé la mano a la nariz, y entonces la abuela me dijo que allí había un gato enterrado, aunque la verdad es que en casa nunca hubo gatos, pero si la abuela lo decía...

Yo quería mucho a la abuela, ella me enseñó casi todo lo que sé. Estoy en sexto de primaria y gracias a que la abuela siempre bromeaba con las cosas serias ahora no le tengo miedo a nada, tampoco a la muerte. Nadie de mi familia lo tiene.

Deberíais saber que todo ocurrió cuando estábamos reunidos en la cena de Nochebuena: mis padres, mis dos tíos con mis titas y mis tres primos, ah! y la abuela.
El abuelo hace años que se fue. Cuando yo tenía cinco o seis años me contó la abuela que el abuelo se fue a un campeonato de petanca, pero me dijo que era en el cielo y yo no me lo acabé de creer porque las bolas se caerían. Mi abuela era muy terca así que en el cielo también se juega a la petanca. Bueno pues aquella noche en la cena a mi tío Federico, que es muy gracioso, le dio por contar un chiste sin esperar a que termináramos de cenar.
A la abuela le hizo tanta gracia que no paraba de reir y masticar. Le dio tal ataque de risa que nos lo contagió a todos, bueno mi tía Fernanda que es muy seria resistía a duras penas pero de vez en cuando se llevaba la mano a la boca para tapársela. Así que la abuela se moría de la risa y todos nos moríamos de la risa pero a la abuela se le atravesó el trozo de carne que risoteaba en su garganta y la única que se murió de verdad fue ella.

Recuerdo una vez que la abuela sentada al fresco me dijo que si tenía que morirse algún día preferiría que fuera en verano. La pobre abuela que siempre se salía con la suya no tuvo más mala suerte y más remedio que morirse en pleno invierno. Es que se veía venir, todo la familia lo decía :"que se muere la abuela", "que se muere" pero ella venga reirse, y venga reirse, claro como ella hasta el verano ni se lo pensaba...

En fin, que allí estaban mis tíos y mi padre intentando sacar a la abuela al fresquito, como a ella le gustaba. Las Navidades se habían chafado, pero aún en el ambiente de seriedad que se vivía en la familia, cada vez que alguien hacía un comentario de los gesto que ponía la abuela cuando se ahogaba, o bien del chiste todos entraban como en un trance de risa imperdonable e imparable a la vez. Mi padre, que era el más fuerte, cogía a la abuela por los sobacos,y mis tíos Federico y Juán cada uno por un tobillo. Los tres llevaban la cara vuelta.La puerta de la calle estaba abierta de par en par y entraba un frío que pelaba . La nieve tenía dibujado un paisaje de almanaque fuera de la casa. El techo parecía un colchón de algodón. Ya estaban con la abuela pisando la nieve. Mis primos y yo estábamos recluidos en mi habitación con la caja de "los juegos reunidos" abierta y vacía y fichas de todos los colores esparcidas por el suelo.Mi primo "Piquín", diminutivo de Federico, bueno de Federiquín, es muy nervioso,y como su padre,también es muy gracioso; salió de la habitación a toda pastilla como el perro del alcalde cuando con el tirachinas lo asustábamos, por cierto que cara tan dura que tiene el cabezón del alcalde. Nadie sabía a donde iba "Piquín", pero al cruzar el salón le dio a "la copa" del picón y la yesca salió volando, aquello parecía los fuegos artificiales de la feria del pueblo. Mis tías y mi Madre la que más, chillaban como locas. Mi padre, mi tío Juán y mi tío Federico que estaban afuera con la abuela bien sujeta y pensando adonde dejarla, al oir los gritos soltaron de un respingo a la abuela que se quedó sentada en la nieve y entraron como diablos a la casa. Mi tio Juán fue el último y no vió la puerta que se le cerraba en sus narices. Del golpetazo parte del colchón de algodón que adornaba el techo cayó sepultando a la abuela. Mis primos y yo salimos asustados a la calle y al ver la figura de nieve que había junto a la puerta empezamos a jugar con ella y la convertimos en un precioso muñeco de nieve que lo adornamos con la vieja gorra de diario del abuelo y
también con su bufanda. Si mis tíos y mi padre entraron a la casa como flechas con aquellos alaridos de las mujeres, salieron como rayos buscando a la abuela.

- ¡¡La abuela, dónde está la abuela!!.- gritaba mi padre pero sin perder aquella sonrisa en la cara que tanto le hacía parecerse a ella.
- No se papá, ¿te gusta nuestro muñeco de nieve?- le pregunté sin comprender su preocupación.
- oh! es muy bonito,hasta con esquís y todo. Pero, ¿ no habéis visto por aquí a la abuela?.
Mi tío Federico en sus ansias de encontrar a la abuela miraba hasta para el cielo, y en esas que estaba cuando se dio cuenta del trozo de blanca nieve que faltaba del techo
y señalándolo con el dedo le puso la otra mano en la espalda a mi padre.
- Mira Andrés,la nieve.-y se fueron para el interior de la casa.

Yo me llamo Andrés igual que mi padre,como no podía ser menos. Cuando estuvo arreglado el problema del puente y se derritió el muñeco de nieve pudimos enterrar por fin a la abuela sin un solo llanto, sin una cara seria, a la abuela no le gustaba las caras serias.



Otra tarea más. Fue divertido escribirlo.


Un saludo. moy.

viernes, 15 de febrero de 2008

Cuando el cadáver de la abuela...

Cuando el cadáver de la abuela comenzó a oler mal, decidimos sin demasiados remilgos que había que sacarla fuera de casa. El problema iba a ser cómo mover de allí a una mujer de más de cien kilos. Venancio propuso que la arrastráramos hasta la ventana y la tiráramos desde el piso de arriba, y luego ya la enterraríamos. Yo me negué a eso, pues así el cuerpo caería todo descoyuntado y se romperían los huesos, y no estaba yo dispuesto a contemplar aquel espectáculo. Y claro, no había por qué tomarla así con aquella pobre mujer que, al fin y al cabo, se portó bastante bien con nosotros. La pobre, a pesar de su fealdad, hasta muerta tenía la misma graciosa sonrisisilla que el primer día cuando llegamos a la casa. Creíamos que no había nadie, y la policía nos seguía la pista por unos cuantos chanchullos que habíamos tenido en Madrid, que por cierto nos habían dejado más miseria que beneficio. Así que nos vino como caída del cielo aquella casa en medio del bosque. Era grande, de madera de roble, parecía de alguien importante, pero estaba a pique de caerse. La puerta no tenía cerrojo, pero cuando entramos se oyó la voz de la mujer desde la cocina: “¿Desean ustedes algo?” Llevaba un camisón que debía de ser de los tiempos de Alfonso XIII, parecía bueno, era de franela pero estaba medio roto y lleno de manchas. Tenía el pelo todo descompuesto. Le dije que íbamos a la ciudad, pero nos habíamos perdido y necesitábamos un sitio para pasar la noche. Nos contestó que había dos habitaciones más en la casa, que nos podíamos quedar todo el tiempo que hiciera falta. Yo pensaba que había perdido algún tornillo acogiendo así a dos extraños, viviendo en un lugar ruinoso, infestado de bichos y devorado por la carcoma. La mujer olía a pocilga, debía hacer semanas que no se lavaba, y se paseaba con ropa harapienta. Creímos que estaba loca. Pero le cogimos cariño. Vivía con lo puesto, así que no podíamos desplumarla. Nos hacía de comer unos guisos que me recordaban a los de mi madre, nos trataba amablemente y se ofrecía a lavarnos la ropa. Uno es ladrón, pero esas muestras de ternura, no se pueden obviar, hombre. Pero, ¿qué hacía esa mujer allí sola? Y lo que era más raro: había un pueblo a poca distancia de allí y la gente le traía comida todos los días, sin escatimar: pollos, tomates, naranjas, pescado, hasta un cordero entero le regaló una vez un ganadero. Muchos se quedaban observando la casa escudriñando con la mirada cada tablón. Nos intrigaba todo aquello, pero la situación nos beneficiaba, así que decidimos hacer chitón.

Murió una tarde, pero en sus últimos momentos debió estar a gusto. Le encantaba la fruta confitada. Cogía una de las muchas latas en conserva que tenía y empezaba a zampar sin parar. Engullía como un gorrino. Y claro, a su edad, eso no debe ser bueno. Mi socio y yo estábamos fuera ese día y cuando llegamos no pudimos hacer nada. Nos la encontramos inmóvil y con la boca chorreando. Había cinco o seis latas vacías tiradas por el suelo.

Venancio dijo que buscáramos en la casa, que tenía que haber papeles de la vieja. Si tenía hijos, y nos hacíamos pasar por ellos ante el notario, quizás podríamos cobrar una buena herencia. O a lo mejor era una de esas locas que viven como un pobre y tienen escondido todo el dinero. Pero no encontramos nada. Ni papeles, ni joyas ocultas, ni el canto de un real. Sólo una llave oxidada, que parecía bastante inútil, en un cajón que tenía un doble fondo, en la mesilla de su habitación.

- Fulgencio, está mujer está seca. Más vale que nos olvidemos de herencias. Desde luego, no sé como se nos ha podido pasar esa idea por la cabeza, si vivía en una casa como ésta. Seguro que era una loca. Así que decide, o la sacamos de aquí, o yo me voy porque hasta las ratas están haciendo las maletas.
- Cállate, hombre – dije – no te pongas drástico. Además, no la podemos tirar ahí, como si fuera el “agua va”. Mira en el desván de abajo que igual hay una carretilla vieja o algo. Vamos al monte por la noche, cuando no haya pastores ni nadie del pueblo por allí.

Pero Venancio no encontró ninguna carretilla, así que no hubo más remedio que dejarla caer en el suelo e ir empujándola y haciéndola rodar, mal que bien, vuelta a vuelta por todo el pasillo. Pobre abuela. Claro que ella no se quejaba. En la escalera, Venancio se puso arriba empujando y yo abajo sosteniendo el cuerpo. Hacia la mitad, a Venancio le flaquearon las piernas y me dejó todo el peso. Si no me llego a apartar en el último instante, me habrían caído los cien kilos de muerto encima. Dios mío. El cadáver rodó a toda velocidad por la escalera como un barril enorme, formando un gran estruendo al golpear en la pared de enfrente.

- ¡Qué has hecho idiota! Por poco me matas. ¡Cómo habrá quedado la pobre mujer! Tú te crees que así podemos darle sepultura.
- ¡Tú tienes la culpa! Habría sido mejor arrojarla por la ventana. ¡Qué más da, si está muerta! Además, ni que fuera a parar a un panteón.

Cuando vi de nuevo el cuerpo, no pude más que santiguarme cien veces, ante la contorsión tan retorcida que había tomado. Pero cuando lo remolcamos, algo nos llamó la atención. La caída había roto una tabla del suelo que estaba floja y se levantaba fácilmente. Debajo había una caja de hierro, grande y con adornos muy barrocos, cerrada con un cerrojo. Y efectivamente, la caja se abrió con la llave que habíamos encontrado. Ante nuestras narices se presentaron una cantidad de billetes mayor de la que habíamos visto en toda nuestra vida de rateros. ¡Eso sí que era un buen botín! Todos aquellos pueblerinos estaban chantajeando a la mujer para quedarse la herencia. Más tarde supimos que era la hija única y soltera de un antiguo cacique de la región que había enfermado gravemente y antes de morir, había vendido las tierras y dejado el dinero a su mujer y su hija. Eso explicaba las miradas recelosas e interesadas de la gente cuando venía a traerle comida. Venancio dijo que dejáramos allí el cuerpo y la casa, cogiéramos el botín y nos fuéramos cuanto antes a Francia, o a Suiza. Me negué. No podía irme sin enterrarla. Eso no se le puede hacer a una persona cristiana. Porque uno será ladrón pero es decente.

David Verdugo

Tarea (con retraso)

Hola, chic@s. Subo unas tareas con un poco de retraso. En este caso, la de formar expresiones con los sustantivos y hacer un pequeño texto con ellas. Ya me diréis qué os parece, acepto críticas, comentarios, ayudas, lo que queráis. Saludos a todos!

Viento Azul
Tambor Celestial
Rescoldo Vaporoso

"Era de noche. La luna estaba derramándose en una niebla espesa. Un viento azul desordenaba sus cabellos y pellizcaba sus brazos desnudos. Un tambor celestial tocaba un arrebato de deseos furtivos y pasiones encumbradas. Pero su silueta se fue difuminando hasta desaparecer, dejando sólo un rescoldo vaporoso clavado en la penumbra."

David Verdugo