lunes, 14 de septiembre de 2009
miradas
Escucho tus palabras como si fueran criaturas recién nacidas aunque ya tus ojos, lluvia de nácar, me lo habían contado mucho antes.
Y no tendré miedo si al cantar los gallos este paraíso no resultara ser más que un garabato bajo la luna, porque quizás el lento fluir continúe como si nada hubiera roto el misterio.
Eva
Sinrazones
la sensatez que reclamas
y el juicio que me pides
no serán los cauces de esta vida
no viviré más mutilado
por la ley de tu silencio,
por el reino de tus mentiras.
Y aunque sé que soy animal gregario
tiendo a ser jaguar en la selva
y me acuno en el silencio de la noche
por salvarme de un bullicio que me anula.
Eva
viernes, 11 de septiembre de 2009
Cazador cazado

La oscuridad pesaba como un manto de rocas malolientes.
Las pupilas negras del cazador ocupaban la totalidad de sus lagrimosos ojos. No era la primera vez que se enfrentaba a la criatura, pero el miedo aún le seguía paralizando el aliento.
El silencio era atronador.
Su corazón parecía galopar desbocado por un inmenso vacío negro profundo. Sabía que la criatura se ocultaba cerca; podía oler su hedor nauseabundo; presentía su mirada pétrea clavada en su nuca... siempre en su nuca.
Aún le ardía la pantorrilla derecha, como vestigio intimidador de su anterior enfrentamiento, aquella otra noche pasada de valor encendido, que acabó con sus huesos tendidos en la húmeda arena de la caverna maldita.
Pero en esta otra ocasión no podía permitir que volviera a sorprenderlo, no debía hacerlo. El futuro de la humanidad estaba en juego, además de su orgullo; quizá éste más importante aún. Y el cazador lo sabía.
Por eso se mantenía agazapado, acechante, mirando a cada lado, sin ver absolutamente nada. De su mente no podía apartar la imagen de unos dientes sanguinolentos, afilados, bajo una mirada de fuego que le atravesaba el corazón y le hacía temblar hasta el último de sus pelos. La imagen del ser más despreciable y salvaje que pudiera concebirse desde el inframundo, el único lugar capaz de engendrar una criatura de semejante maldad.
El hedor iba en aumento. Al igual que el terror que le envolvía.
El inquietante momento del choque final se acercaba; lo intuía... lo temía.
De repente, un roce inesperado en el costado le obligó a girarse, dando un respingo sobresaltado y torpe, blandiendo su arma acerada a diestro y siniestro, sin el menor atisbo de éxito en la embestida.
Algo le atenazaba el brazo ejecutor.
El cazador intentó zafarse de su opresor, pero, en su apresurada huída, tan sólo consiguió trastabillar con la masa informe que le rodeaba y oprimía, cayendo irremediablemente al frío suelo.
En ese mismo instante, presa del horror de verse vencido y al borde de la más temida de las muertes, en espera de la dentellada final, una luz poderosa y cegadora emergió de la nada, enfundándolo en un estado de confusión y perplejidad absoluta.
Al mismo tiempo, surgiendo de la profundidad cavernosa, envolviendo la luz, el miedo e incluso a la misma criatura que aún lo aferraba con furia, un grito espeluznante acabó con las escasas esperanzas que le quedaban de salvar su integridad:
“¡¡¡Pedrito, te tengo dicho que no juegues a oscuras en el dormitorio!!! ¿Otra vez quieres hacerte daño en la pierna con la cómoda? Y se puede saber qué demonios haces en el suelo enredado en la cortina. A tu padre vas ahora mismo.
Venga, que ya está la cena puesta.”
“Sí, mamá” —dijo el cazador, derrotado y cabizbajo, al tiempo que se levantaba y se dirigía hacia la puerta.
Pero justo antes de salir, tras darle al interruptor que apagaba la luz, no pudo reprimir una mirada huidiza hacia el insondable abismo que dejaba atrás, y que era cruzado a la velocidad del rayo por una sonrisa hueca y malvada, y un par de puntos de fuego luminosos al fondo del todo le recordaban que tenían una cuenta pendiente.
Esa noche volverían las pesadillas.
*Imagen de la sierra de Baza.
Otoño
os acordáis?
jueves, 10 de septiembre de 2009

Dulzores de temporada
A la vera d e la huerta,
tras la tapia de un corral,
en las lindes de cañadas,
Colgándose entre las grietas
Una higuera
Aspereza de olores infecundos
melaza bravía,
agrietados frutos
dulzura de secarrales
Unos higos
En sus ramas esperpénticas
tiende hojas como manos inversas
que me abrazan a mi tierra
higuera, higos
Dúctiles brazos que entregan
besos moraítos
que rechinan dulzor entre los dientes
Fita
Eduardo García

El próximo jueves, 10 de septiembre a las 20:00 horas, dentro del programa “Letras Capitales”, organizado por el CENTRO ANDALUZ DE LAS LETRAS junto a la FUNDACIÓN CABALLERO BONALD Y EL AYUNTAMIENTO DE JEREZ, tendrá lugar una lectura del poeta EDUARDO GARCÍA, galardonado con el Premio de la Crítica por su libro de poemas La vida nueva.
Con este acto, que será presentado por el escritor Jesús Fernández Palacios, da comienzo una serie de colaboraciones entre el Centro Andaluz de las Letras y la Fundación Caballero Bonald, que se plasmarán en un programa estable de presentaciones, recitales, lecturas e intervenciones literarias. Durante el otoño de 2009 está previsto contar también con la presencia de los poetas Álvaro Salvador, Felipe Benítez Reyes, y del novelista Antonio Muñoz Molina.
La lectura de Eduardo García tendrá lugar en la sede de la Fundación (C/ Caballeros, 17), y la entrada será libre y gratuita.
Por gentileza de González Byass se servirá una copa de Tío Pepe.
miércoles, 9 de septiembre de 2009
martes, 8 de septiembre de 2009
Erizo o elegancia

Convertido en un macilento pellejo pegado a su cadáver ya no reconoce ese cuerpo en el que sigue latiendo la llama violeta que lo mantiene unido a todas las realidades, al tiempo y al espacio. Sus cortos y cansados pasos se niegan a abandonar la curva final de la vereda por la que transitan. No quiere hacerlo de manera desgarrada o violenta para que las escasas lunas que le quedan puedan prenderle un brillo en la mirada.
sábado, 5 de septiembre de 2009
Huellas en la arena



