domingo, 27 de mayo de 2007

Espero que Moy ya pueda entrar a leer algo. Bueno, quería decirle que se le echó de menos el martes, que se le apoya en su lucha particular de estos días y que le quería dejar por aquí la tarea que nos puso Miguel Ángel el último día porque desde luego nos gustaría que la tuvieras hecha para el martes que viene y que nos la leyeras a todos.

Un poema que habla de mí

Soy un barco que ...
soy la niña que...
soy la luz del sol ...
soy la voz que ...
soy el pajaro que ...
soy la música que ...
soy la noche en que ...
soy el secreto de ...
soy el río bajo ...
soy ...
soy ...
soy ...
soy ...
soy ...

Saluditos a todos, que tengais buen domingo.
Eva.

viernes, 25 de mayo de 2007

Y este se lo dedico a Raquelilla


Ella ha cerrado su ventana al mundo hoy, está inmersa en la laboriosa tarea de descifrar el suave tacto que resbala entre sus dedos, curvas y recovecos que una vez enlazados difuminan el misterio que encierra cada hueco.

Hay vivos colores y azules imposibles, ¿el mar, el cielo? El laberinto va tomando forma, imaginaba aquellos relojes lánguidos con alucinaciones de arena pero eran fuentes, y aquellos relieves que se abrieron le trajeron olor a mirtos, a sierras y ríos cercanos, a leyenda...

Ya se va acercando el fin, ya te veo, nítido, a pesar de tus cicatrices como senderos de montaña.

A ver donde pongo yo ahora este puzzle.
Eva.



jueves, 24 de mayo de 2007

Peticion a los reyes magos...los políticos.

En su blog llamado "la boquita prestá", Fátima hace una serie de peticiones a los políticos que en estas fechas nos traen promesas de todo tipo. Yo estoy seguro de que las cumplirán todas, y no os riais. Tan es así, que me he atrevido a hacer mi petición particular. Por pedir que no quede.
Majestuosas Políticas Majestades, ruégoles hagan el favor de hacer el favor de otorgarme un deseo que les pido aprovechando la collá. En estas fechas tan floridas y ostentóreas en lo colorido, me salen por todo el cuerpo humano una serie de zarpullíos a manojitos varios. Es notorio que la solución a tan desagradable sensación es la del rascado digital. Pero hete aquí el problema: ¿Cuando llega el momento de decir...yastá!? Esos instantes de duda son de lo más desagradable, no se sabe cuando parar. Aquí es donde les pido su gracia. ¡Concedanme por caridad un orgasmo! Si, Excelentes Majestades, un orgasmo rascandil. Uno que avise del momento en que ya está bien de rascarse y que dé el aviso sensitivo de que ya no hay que seguir rellenando de células el espacio interdigitaluñero... y de paso aprovechamos para pasar un buen ratito. Espero su gratificante respuesta en breve. Reciban un cordial y respetuoso saludo.
Antoñín

miércoles, 23 de mayo de 2007

VISIBILIDAD EN LA INVISIBILIDAD

Debido al agravio estadístico del 1 entre 100 que presenciamos el pasado taller y a la incorporación en las filas de nuestro destacamento de la comandanta Eva, nos vemos obligados a cambiar de cartero invisible de nuevo, así que a continuación describimos cómo han quedado las posiciones en la segunda ronda realizada ante un notario muy peculiar: "Omar"...

1.- MARI LUZ
2.- JUAN
3.- LAUREN
4.- MOISÉS
5.- BERTA
6.- ANTOÑÍN
7.- MIGUEL ANGEL
8.- ANA
9.- BENJAMÍN
10.- RAQUEL
11.- EVA

Y como decía un coleguita que me eché una vez por carta: la vida nunca ha sido un obtáculo, suerte y al toro, bajo mi punto de vista.
Ra.

martes, 22 de mayo de 2007

PA TO LOS PAYO

Sus recuerdo que tenemos una sita miñana sobre ... perate hermano que via mira el rúlex... las siete de la tarde por allí pal pantano onde nus reunimos sus otras veses en el járbol bendito di nuestra santísima Macu, y toer payo que squiera tomarse unas cupichuelas santes de la scurción, se presente en la chiclanera di Santi Petril, sus rogamos confirmasión y alternatival por si cae un poquito de relente, pa a ver onde nus metemos.
Er Juan Grabié, arcángel gitano.

lunes, 21 de mayo de 2007

Monumento natural

Unos haikus al pino. Al menos esta vez he cuidado la métrica. Creo.







Verdes Agujas
Acupuntura al cosmos
Vital armonía









Troncos yacentes

Bóveda de verdemar

Gabán vegetal




Morada de paz

Amor sin disimulo

testigo sin voz




Fria soledad

Citas de primavera

Fragor estival




Benjamín

domingo, 20 de mayo de 2007

A este árbol


A este árbol

Árbol-casa, árbol-hierba,
árbol –vientos, árbol-piedra,
árbol-cobijo, árbol-arbolado,
árbol-alfombra, árbol-tierra.

Al fondo rumor de mar,
honda, rizando coplas de agua
en el verde acantilado;
sobre la cabeza, cante de vientos,
incesante, levante, poniente;
pausa para el “ay” más jondo,
pajarillos marcando el compás;
por un instante, brevísimo en su eternidad,
silencio de arena,
y vuelta a empezar.

Oleaje verde de tus ramas,
pies innumerables,
ebrios de luz, y agua, y aire,
árbol-mar, árbol-sal.

¡Cuántos amantes suspiraron ayer
bajo el íntimo manto de tus tiernos brazos!

¡Cuántos pajarillos musitan flores
de aire sobre el balancín de tus dedos verdes!

¡Cuántos niños cabalgan
a lomos de mil caballos, los tuyos,
por las infinitas praderas marinas
del más allá, para fantasía del corazón!

Y hoy, afortunados,
abrevamos en tus aguas cálidas,
bandada de poetillas,
rindiendo agradecido homenaje,
en quejíos de palabras,
al prodigio de tu estampa, de tu ser:
Árbol-marino, árbol-salud,
árbol-catedral, árbol-pino,
asolerado en este rincón de paraíso ,
quasi-atlántico.

Gracias.


Lauren



viernes, 18 de mayo de 2007

Me hubiera gustado mucho asistir estos dos últimos martes a la cita del árbol y no he podido, espero que el próximo no faltemos nadie y podamos leer lo que tengamos . Y os voy a dejar una cosa que en realidad tiene truco, pero bueno, aquí lo dejo.

La pereza vivía en la boca del pez.
Contigo, sin ti, con el mago.
Duro acero en la vereda de atrás
para buscar la luna y ensanchar el alma.
Mientras, Platero, en su tierno prado,
mira a las nubes extremas
imaginando el roce de tu cuerpo.
El rey canta eternamente
porque no le permiten morir.
Dime con quien andas
y te diré adiós a ti y a tu templo.
Tal vez, tal vez tu nombre
oculte un escorpión muy breve,
un tigre que deshace el mundo
una sirena varada en África.
Nada, nada es para siempre.

Besos, bicos para Berta.Eva.

Puntos suspensivos........

Hoy me apetecía colocar aquí esto. No me pregunteis porqué... quizá sea porque los atardeceres son bonitos ultimamente.
...............
Arena cálida, brazo de Gilda
sobre el que ciegos deambulamos,
como los ciegos ausentes.

Rojo estruendo de siseos,
arrodillados fuegos,
triunfante concha
de escarabajo ciego.

Te adivino
y te miro de frente,
como los ciegos recientes.

Te leo en braille;
tu rostro,
tus hombros,
dos puntos suspensivos…

Me susurras…
y te miro con la oreja
como los ciegos no recientes.

Arena fría, guante de Gilda
bajo el que ciegos temblamos
como los ciegos presentes.
................................
Por cierto, aprovecho para saludar al maestro Argüez. Me lo imagino entre banderas sevillistas y disfrutando no solo de sus jornadas poéticas sino incluso del buen rollito que debe reinar por todo Sevilla con lo del fútbol. Esperamos verte pronto. Un abrazo.
Antoñín

lunes, 14 de mayo de 2007

Cegato


Cegato

A veces ni siquiera podía adivinar si era de día o de noche. Su vida transcurría feliz aunque sin saberlo echaba de menos cosas de las que no tenía ni la más remota noción. La temperatura del agua era casi constante todo el año, y ni siquiera ese concepto del tiempo era algo que estuviera a su alcance. Se llamaba Cegato, y de su infancia solo creía recordar su bautismo... y su pila bautismal, la misma que a la postre se convertiría en su morada e incluso su hábitat.

Era una costumbre ancestral entre los humanos de aquella zona; los aljibes y pozos se mantenían limpios de algas y gusarapos a base de mantener en su interior a una pequeña tortuga. Se le introducía cuando era pequeña y allí se desarrollaban todas las vivencias del animal. Era costumbre también que algún que otro viajante apareciera por los pueblos con sus burros cargados de todo tipo de artículos para la venta e incluso con sacos llenos de esas tortugas en una curiosa venta ambulante de pequeños galápagos recolectados en charcas, lagunas y ríos. Un día se paró uno de esos vendedores ambulantes en la puerta de una enorme casa con jardín, allí crecían árboles frutales y arbustos, y todo tipo de animalillos pululaban por su fértil tierra. Tras unos instantes de regateo con sus habitantes consiguió que uno de los pequeños viajeros del saco se quedara en esa casa.

El pequeño de la familia jugó durante unos minutos con el animal recién llegado al hogar, luego su madre movió la losa del suelo, a un lado de la gran cocina, y tras bautizarlo con el nombre de Cegato lo echo al agua del aljibe. El hecho de que el animal a su llegada no abriera los ojos fue la causa del apelativo que luego sería su nombre. Durante toda la escena hubo un curioso testigo, ese que un día fuera también bautizado en el mismo sitio pero sin zambullida final. Era Pellejochoco, un perro tranquilo y grande cuyas piel alopécica y blanca originó el motivo de inspiración para su siempre ocurrente dueña a la hora de bautizar animales.

Cegato, en su diaria vida acuática, a veces tenía unos extraños sueños, creía que el cielo se le aparecía mientras descansaba, se veía nadando entre unos seres muy curiosos, con un caparazón de donde les salían las extremidades con las que nadaban y una cabeza con pico al extremo de un cuello flexible, y creía que era el cielo porque se veía feliz con esos seres extraños rodeándole en jocosas partidas de caza, y en esos sueños nadaba entre ramas buscando animalillos, y de vez en cuando sacaba la cabeza respirando aire fresco, y disfrutaba de la luz que incluso le llegaba a cegar en algunas de esas zambullidas de aire. Pero eran solo sueños. De la vida real solo recordaba, lógicamente, su mundo real, una habitación subterránea casi llena de agua, hecha de piedra, de unos cuatro metros de lado y un orificio en su parte superior cubierto la mayor parte del tiempo con una losa. De vez en cuando se desplazaba esa losa y aparecía un cubo atado a una cuerda, cuando caía el cubo al agua este se llenaba rápidamente y desaparecía de nuevo por la apertura. Ese era su mundo.

La vida transcurría con sosiego, pero sus fuerzas comenzaban a mermar. Cierto día, ya en su vejez, Cegato fue recogido por el otro ser de cierta importancia que él conocía... el cubo, ese que a veces entraba en su mundo. De pronto se encontró elevándose dentro de tan inesperado ascensor y pensó que había llegado la hora de su muerte. No sabía como se moría uno. Llegó a la conclusión de que quizás fuera esa la forma de morir y de luego elevarse a ese delicioso cielo con el que a veces había soñado. A medida que se iba acercando a la apertura, la luz del día le iba cegando en lo que él interpretaba como una celestial escena divina. Cuando estuvo ya en la cocina, y aunque la luz no era excesiva en la estancia, se encontró haciendo honor a su nombre quedando cegado por completo durante unos instantes. Una mano humana y ciertamente despreciativa le extrajo del agua y le arrojó hacia un lado de la cocina. Su cuerpo boca abajo se deslizó por el suelo sonoramente debido a la dureza de su caparazón, terminando en un interminable y húmedo efecto trompo que le hizo marearse y maldecir lo duro q resultaba morirse.

Al dejar de girar, y tras unos momentos de adaptación al celestial medio, sacó su cuello e instintivamente apoyó su cabeza en el suelo para hacer palanca y girarse. Cuando estuvo derecho abrió los ojos y se quedó extasiado. No era como lo había soñado, pero se alegraba de haber llegado por fin al edén. No dejaba de mirar a un lado y otro de la estancia, enorme para él, hermosa, luminosa... la cocina le parecía algo inmenso y grandioso. Tras unos instantes, y muy lentamente, se le aproximó husmeando Pellejochoco. El perro le acercó el hocico húmedo a su cara en un reconocimiento visual y olfativo. Cuando Cegato le vio acercarse hizo un enorme esfuerzo para estar a la altura de la situación y le dijo con toda la solemnidad que pudo: “Señor Dios omnipotente de las alturas, he deseado mucho tiempo este momento, le ruego admita en su grandioso reino de los cielos a éste su humilde servidor”

Fuera de la penumbra de la cocina, en el patio, el jardín florecía con todo su esplendor al principio de una primavera húmeda, soleada y llena de vida.

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Antoñín