jueves, 28 de febrero de 2008
No entiendo a las mujeres, me embarqué en aquella gran hazaña por ella y la despreció de forma cruel.
Que no lo comprendo por más que lo pienso, quería hacerle la mejor ofrenda, la más hermosa y grande de todas. Me esforcé tanto en conseguirla que me sentí como aquel caballo salvaje que corría eufórico lacerando al mismísimo levante con sus crines. Era un gran guerrero en mi desvariada ensoñación… Pero no, mi orgullo de héroe se vio convertido en un pequeño Pinocho que no llegaba a niño siquiera, con las orejas gachas ante sus gritos riñéndome por no entiendo qué travesura malvada cuando me presenté ante su puerta con aquel regalo fruto de mis más nobles sentimientos hacia ella.
Sé que llevo varios soles y lunas fuera y puede que me eche de menos ahora, pero en fin, después de todo tengo espíritu libre y ya lo debería saber, no es la primera vez que desaparezco, sobre todo aquellas noches de verano cuando me asfixia el calor de su alcoba o aquellos momentos en que siento el flagelo del deseo y me nublo con un contoneo cualquiera. Sí, sé que me echará de menos ahora y yo añoro mucho sus caricias y sus albóndigas.
Obnubilación II
Toda una semana que no lo veo, por mucho que lo llamo no da señales de vida, suerte tener la excusa de la alergia para enmascarar mi pena, que no me atrevo a confesar a nadie.
No lo entiendo, aquel día sentía que lo quería de forma especial, como si una nube me nublara el sentido y le preparé sus albóndigas con más mimo que de costumbre.
Y entonces lo vi aparecer, la boca y los bigotes ensangrentados, ensuciando con un reguero el suelo recién fregado. Jamás vi una cosa tan horrible, me dejó la rata agonizante ante mi puerta, maulló un par de veces y se marchó.
Eva.
Más tarea, más tarea
La palabra ahora sometida a nuestras
destilerías lingüísticas ha sido
obnubilación, y una de sus acepciones
en patología es la pérdida de control de
conomiento, incluso puede llegarse al inicio
de un estado de coma, según el diccionario.
He dispuesto la palabra clave en
el centro de un poema
con unos tintes románticos.
AMOR, PATÓGENO AMOR
Qué me pasa;
Este Amor que pesa
En mis entrañas,
Que llega como un rayo
En la tormenta,
Que atraviesa mi cuerpo,
Que lo arrasa.
Qué me pasa;
Que pierdo la conciencia
A cada paso,
Que muerdo las esquinas
De sus besos,
Que sigo el retumbar
De sus palabras,
Que muero,
Que vivo,
Que desangro amor
Por estas llagas.
Qué me pasa;
Que estoy obnubilado
De remate,
Que voy desorientado
a todas partes,
que siento estar comático
de amarla.
Todo el alma,
Esta Amor que me pesa
Y no me pesa,
Que me nubla,
Que me aclara,
Este Amor que me inunda
Y que me salva.
Qué me pasa.
No sabría deciros.
No podría.
Estas nubes, estas nubes…
Este Amor que pasa y pasa.
Y ya estamos listos para otra nueva
tarea, aunque me da la impresión que
se me puede atravesar una espina de pescado.
Un saludo. moy.
El aliento de Dios nos obnubila
..
Estoy perdiendo fuelle. Últimamente me resulta muy difícil elevarme hasta el ventanuco que está en la parte alta de la pared. Al principio era como un juego, un alarde de fuerza, una flexión rápida y ágil y allí estaba yo, asomado y viendo la ladera verde del monte. Nunca pensé que la simple vista de un árbol viejo y medio seco pudiera llegar a ser tan importante para una persona. Aparte de las hierbas, algún que otro pájaro y las manos del carcelero que abre la trampilla para darme la escudilla, el árbol medio seco es el único ser vivo que veo desde hace meses. Pero cada día me cuesta más. Creo que mi alimentación es la causante. Mis brazos flaquean, y no lo digo solo en el sentido de perder fuerza. Me palpo la cara y me doy pena. Doy gracias a Dios de no tener espejos aquí. Voy a intentar mirar otra vez. Salto y me aferro al filo de piedra. Me imagino a mí mismo colgado de cara a la pared y dando la espalda al prisma que forma la luz que entra en mi celda. Me duelen los brazos. Mis dedos no son capaces de aferrarse al quicio del ventanuco. El dolor se me traslada a todo el cuerpo. No puedo más, esta tarde lo intentaré de nuevo, o mañana. Me cuesta incluso trasladarme a mi camastro. Me tumbo y me agarro las piernas con los brazos. Esta postura no es porque esté más ágil ahora, antes no hubiera podido acercarme las rodillas al pecho, ahora lo consigo por la falta de carne en mis miembros. A pesar del frío y la humedad, mi cuerpo se puede contorsionar aquí dentro por la libertad de mis articulaciones, mis rotulas no encuentran obstáculos, no hay magro que las detengan.
Hoy lo intentaré de nuevo. Si no consigo ver el árbol se que me volveré loco muy pronto. Estoy comenzando a no controlar mis pensamientos. Me sorprendo a mi mismo enredado en cavilaciones tóxicas. Ideas que se pasean por mi mente envenenándome por dentro.
Voy a intentarlo de nuevo. Parece que hay niebla. Desde aquí abajo se nota que la luz entra difusa. Mi padre decía que la niebla era el aliento de Dios. Que nos empañaba con una bocanada de aire de sus pulmones para obnubilarnos, para hacernos ver y pensar de forma diferente. Tengo que ver el árbol. Espero que desde aquí se pueda ver bien a pesar de la neblina. Doy un salto. Me cuesta mucho más que meses atrás, pero aquí estoy de nuevo. A duras penas me mantengo sujeto, pero ya veo difuminado mi árbol. Ya es mi árbol. ¡Y veo que ha florecido! Son solo unas pocas florecillas, pero está vivo. No estaba seguro, y ahora lo se con certeza; es un almendro. Puedo imaginar las gotas de rocío acumulándose en sus finos dedos, juntándose entre ellas para formar alegres goterones que juegan en los toboganes de sus ramas hasta fundirse con la tierra húmeda de su base. Veo que hay dos personas debajo de él. Parece que acaban de pasar una cuerda gruesa con un extraño lazo en su extremo por una de sus ramas. Esto de poder ver mi árbol me da vida. No se que hubiera sido de mí si no lo hubiera conseguido hoy. Incluso así, difuso, frío, casi pelado, es mi árbol. Y me da la propia vida.
Antoñín
miércoles, 27 de febrero de 2008
martes, 26 de febrero de 2008
Tras el humo
TRAS EL HUMOCuanto me agrada hablar contigo, aquí sentado en esta incomoda silla de formica, reconozco que el hecho de pasar la tarde en esta cocina conversando con alguien como tú puede levantar extrañas sospechas. Si me observara por un orificio alguno de esos cotillas que otea el mundo ajeno a través de las grietas del aburrimiento, pensaría seguro que soy un loco de atar, un terrorista o un extranjero; o quizás un tipo raro de los que manchan con pintura acrílica en señal de protesta o de repulsa, bandos y ordenanzas, ya procedan del alcalde o del sheriff; pero la verdad es que me importa un comino lo que pueda pensar alguien que me observara por un orificio mientras converso contigo.
Tus ojos son inteligentes, es curioso tus ojos pero no tu mirada. Tú no tienes mirada, con lo cual no puedes tener una mirada inteligente; pero insisto, tus ojos son inteligentes. Estoy viendo a través de la ventana como la gente se dirige al mismo lugar tomando el mismo rumbo, dejando la redonda plaza atrás, sola y lejana, como la redonda Selene abandonada en medio del nocturno universo. Posiblemente toda esa multitud que parece emprender la huida para refugiarse, quizás en la iglesia con el pretexto del sermón de la media tarde o tal vez, en el shopping center con la excusa de un nuevo placer para el paladar, o un elegante corte de pelo, y tan solo por un dólar. Esa gente me resulta tan imbecil como yo, si como yo, para que nos vamos a engañar.
Tu pequeño cuerpecillo es digno de ser contemplado, tus movimientos saltarines me recuerdan a mi polla cuando empieza a despertar de un largo letargo, motivada por la carnal presencia de la pálida esposa del reverendo que me increpa por parecer marxista.
Tu rutilante y minúsculo palacete, te acompaña como al caracol su concha, o como al muerto su féretro; aunque a ti injustamente, de eso no cabe duda.
Eres el único que sabe escucharme, que no me lleva la razón como a los locos; porque eres el único ser lúcido, el único ser capaz de ver con nitidez tras el humo de la mentira, tras ese humo narcótico que produce obnubilación, crónica y persistente en el cerebro de todo bicho vivo que se precie.
Voy a regalarte la libertad, voy a sacarte de esa maldita jaula de una vez por todas; pero por favor no magnifiques este gesto que te ofrezco. No tiene mérito, me resulta fácil y no necesita de grandes dosis de valentía; aunque si de autentico amor, puro y ausente de egoísmo porque a partir de este momento, dejare de contemplar tu pico rosado y aguileño o tu plumaje colorista de exóticos tonos, dejarás de deleitarme con tu canto tropical. Habré perdido para siempre al amigo que sabe escuchar.
-Señor, señor ya hemos llegado a la calle veintidós, señor se encuentra bien. –Me dijo el taxista, mientras me abofeteaba con el propósito de despertarme. –Que sucede -señor ya hemos llegado, y se a pasado el trayecto hablando sin parar, parecía estar soñando despierto. Hablando sin parar desde Boston hasta New York. Nunca había visto nada igual.
Al llegar a mi apartamento, lo primero que hice fue abrir la nevera para prepara un sándwich y calentar un poco de leche, después de cenar me acosté sin quitarme la chaqueta ni la corbata. Aquella noche soñé con papagayos prisioneros, confinados en el interior de jaulas de oro, y me veía a mi mismo, lanzando agrios discursos, martirizando a las indefensas aves con mi verborrea insoportable; pero sobre todo, me veía temblando de miedo, miedo a liberarlas de su perpetua condena; quizás miedo a sus ojos sin mirada, a sus ojos inteligentes, quizás miedo a mis propios miedo.
ANTONIO FASSA
Obnubilación
Qué me va a pasar, madre. Que esta usted siempre porfiando. Traiga para acá el mantel que ya pongo yo la mesa.
Llevaban semanas preparando la casa para recibir al prometido de la niña. A ella la noticia le cayó de sopetón. Qué la niña tiene novio?, ¿Cuándo te lo ha dicho a ti? Una es la ultima en enterarse, eso es lo que yo le importo a nadie de esta familia.
Mujer, no dirás que no sospechabas algo. Si la niña sale más acicalada que nunca y se pasa todo el día colgada al teléfono.
¿Qué ha preparado usted para comer madre? Es que David es un poco delicado, como es extranjero…
Pero no dijiste que su familia había vivido aquí hace mucho tiempo.
Si pero mucho, mucho. Ya ni sus padres se acuerdan. Eso sí, el idioma no lo han perdido aunque emplean palabras raras que ellos dicen que son antiguas.
Que voy a preparar pues un platito de gambas y un solomillito de leche que por cierto habrá que darle una vuelta que se habrá consumido ya la leche y ya se está haciendo la hora.
¡Ay, madre! ¿Qué ha hecho usted?. No habíamos quedado en asar un pavo con papas de las grandes como a mí me gustan.
Qué fácil lo ves tu todo como si el carnicero tuviera siempre lo que yo quisiera. ¿ Y desde cuando te gusta a ti el pavo si el solomillo siempre hay que ponerlo por ti y por tu padre?. Tú estás cada día más obnubilada, no te digo yo.
¿Y no dará tiempo a preparar otra cosa? Aunque sean unas tortillas pues para mí que no le gustan las gambas ni la leche.
A ver si tu me has traído a un melindres ¿Tu has visto a nadie que no coma gambas?
A los sefardíes, madre. Ya te dije que era extranjero.
¿Y dónde está ese país? ¿No estará en América? que tu no te vas tan lejos, te enteras.
No madre, no es un país, es un pueblo.
Si, pero de dónde.
Dejémoslo ya. Voy a preparar las tortillas no te preocupes. Ya te lo contará cuando venga.
Pero tú donde lo has conocido, ¿no habrá sido por el aparato ese? Ya sabes que dicen que en el ordenador no salen más que degenerados y cosas así.
Que no mamá que eso lo usa todo el mundo. Tu marido también.
Niña a tu padre ni mentarlo. Mira la niña con lo que sale.
Que voy a hacer las tortillas, déjame en paz.
Oye, Luis, la niña te ha contado a ti algo de ese novio porque a mí con decirme que no la dejo vivir y que soy más antigua que las pesetas me despacha y me da carpetazo. Es que estoy preocupada porque parece que es de un país raro y que no come de nada. No se vaya a creer la niña que esta casa es una ONG.
Hay que ver, hay que ver como desbarras en un momento, mujer. Si hace solo unos días estabas tan contenta celebrando su licenciatura. ¿Tu crees que cualquiera puede engañar a toda una abogada? Y además siendo tu hija
Precisamente por eso porque habrá salido a mi madre o a mi hermana que tu ya sabes con lo que cargaron. Las mujeres de esta casa pensamos con el corazón en vez de con la cabeza.
El chico es juez de la audiencia en Cádiz ¿le parece a usted bastante para su niña?.
¿Será cristiano?, ¿No estará casado?, ¿A qué es del PP?...
¿A qué no has terminado de acicalarte? Y ya llama a la puerta.
Perdone pero hoy no tengo tiempo de atenderlo estamos esperando visita, vuelva usted otro día.
Creo que yo soy la visita, David y usted será la madre de Paula ¿no es así?.
Encantada, David. Es que como es usted tan joven y viene vestido con traje y sombrero lo había confundido con los testigos de Jehová que andan merodeando la casa en los últimos días.
No se preocupe es que vengo vestido de rabino, cualquiera puede confundirse.
Pero pase primero y me cuenta. Luis, Paula que ya está aquí David. ¿Me decía?
¿De qué me ha dicho que viene vestido? ¿El atuendo de juez no era negro o es que lo han cambiado?
Mujer pero déjame que le ofrezca una copa primero, después nos contará el motivo de su visita ¿no le parece?.
Muchas gracias, D. Luis beberé mejor un refresco si no le importa. ¿ya baja Paula?
Aquí estoy, bienvenido a mi casa. Estos son mis padres. Pero ya se han presentado ellos mismos ¿No es así?.
Yo tomaré esa copita, Luis. A ver si se me pasa esta obnubilación que me ha contagiado la niña.
Eso no se contagia.
Desde ahora va a ser que sí y con nuevos síntomas: estado de confusión mental transitorio que puede convertirse en permanente si una se barrunta que no le interesa lo que va a escuchar.
Pues vale.
Pues fin y casarse si quereís pero yo voy a seguir en mi estado de obnubilación tan ricamente.
Pues vale.
[MSOFFICE1] Pues eso
[MSOFFICE1]fita
vivencias
y todo volvía a la serenidad, asentaba mi cuerpo
en el mascarón de popa ( el patio de mi casa) y
me dedicaba sólo a mirar el cielo.
Mi hijo pequeño, como grumete merodeaba,
y en sus quehaceres seguía la estela de mi mirada,
y fijándose en la Luna me sorprendió diciendo que
se la estaban llevando.
Anta tanta ingenuidad no creí oportuno darle
explicaciones y con la misma simpleza con que me
preguntó, con un poema le respondí cuando se hartó
de mirar por su catalejo.
SU LUNA
Casi cayendo la tarde ,
ya claritas de la noche,
en su barquito pirata
mi niño otea el horizonte.
de dedos entrelazados
y ve de dunas, un cielo
de nubes desperdigado.
-¡Papá ,se llevan la Luna!
me dice,como asustado,
-¡mi Luna se están llevando!
Alarga su catalejo
separándose las manos,
una pegada a su ojito,
la otra casi a dos palmos.
-¡Papá ,se la están llevando!
las dunas se están tragando
a tu lunita lunera,
a la Luna de tu barco.
Y enfocando el artilugio,
roscando sus dos manitas,
ve que no son las dunas
las que raptan su lunita.
-No son las nubes,papá,
Seguro que no lo son.
Mira,es el viento quien la quiere
para alumbrar su casita,
su casa de caracol.
Como veis soy tan ingenuo
como mi hijo, haciendo poesía
de algunos momentos. No soy,
ni puedo, nada trascendental.
Un saludo. moy.
lunes, 25 de febrero de 2008
Cultura, joé, cultura...
domingo, 24 de febrero de 2008
pronombres eróticos
encender........te
distinguir.....me
acariciar.....os
construir.....nos
Hay que hacer muchas cosas:
mirar....se
jugar.....mela
recordar.....telo
celebrar....lo
Hay que hacer muchas cosas todavía:
Conjugar…. nos lo
Creer…. me lo
Repartir … se la
Y vivir … la

