martes, 19 de octubre de 2010

El pozo y los 33 (o carta de Trosky, el minero clandestino)


Estimado amigo Alinando:

Espero que estés bien al recibo de ésta. Hace mucho que no te escribía, y son las circunstancias las que hacen que retome nuestra antigua e íntima amistad.

En primer lugar te diré que vivo desde hace unos años en un chalé en el campo. Ahora mismo estoy en el salón escribiéndote y desde aquí observo un hermoso sauce con sus ramas acariciando el césped. El verde domina el paisaje… excepto el chándal de manchas azules y rojas de mi vecino Roque. El hombre lleva ya tres días junto a la boca de su pozo. Se rasca la cabeza arrastrando la gorra hacia atrás, mira hacia su fondo, se sienta cerca del brocal, se cruza de brazos, mira de nuevo hacia dentro… y así tres días, Alinando, tres días.

Imagino que recuerdas las bromas que gastábamos en la mili. Siempre te tengo presente maquinando trastadas a los compañeros. Como aquél día que se te ocurrió decir a los novatos que el tubo de goma que había dentro del avión era para hablar con el piloto. Parece que fue ayer, aquellos chavales turnándose con aquel embudo de goma en la boca diciendo: “Atención, atención, tripulación llamando a piloto…” Por poco te matan cuando se enteraron de que el tubo era para mear en los vuelos más largos. Qué cosas tenías jodío.

El caso es que por eso mismo te escribo a ti y no a otro. No sé a quién confesarme. Este asunto me carcome por dentro y no sé si debo decírselo o no. Bueno, te estarás preguntando qué es eso que debo confesar, me explico entonces:

Cerca de nuestras fincas pasa un túnel del AVE. Al principio no le dimos importancia, pero resulta que a los pocos meses de comenzar las obras se fueron secando los pozos de los alrededores, el mío y el del vecino incluidos. Se ve que el túnel taponó los acuíferos que alimentaban nuestros pozos. Hemos tenido que perforar más y eso nos está causando muchas molestias. Hace unos días se secó de nuevo el de Roque. Su bomba dejó de echar agua y desde mi casa podía oír sus improperios contra el AVE, el gobierno y la madre que los parió a todos. Me asomé a la ventana y le vi preparar una especie de sonda para comprobar cuanta agua tenía en su fondo. Consistía en una cuerda con un tubo de hierro galvanizado en su extremo. En cierto momento parece que necesitó algo del interior de la casa y dejó aquellos utensilios junto al pozo. Entonces se me ocurrió una inocente broma que gastarle, una pamplina de las mías. Con un rotulador rojo escribí en un papel: “Estamos bien, en el refugio los 33”. Cogí el papel y cinta aislante, me dirigí hacia su pozo sigilosamente y lo até a la punta del tubo. Yo estaba seguro de que antes de meterlo en el pozo se daría cuenta, miraría hacia mi casa –Roque ya me conoce muy bien- y se metería conmigo y con mis bromitas de siempre. Pero no, lo que hizo del tirón fue meter el tubo en el pozo y dejarlo caer lentamente hasta el fondo, sin darse cuenta de que llevaba un mensaje.


Yo me reía desde mi escondite, unos setos en mi parcela. Pensaba que la broma iba a resultar más divertida de lo que imaginé. Pero no fue así. Cuando la cuerda llegó al fondo la mantuvo unos segundos y la subió de nuevo lentamente. No te puedes imaginar la cara que puso al desenvolver aquel papel húmedo. Le vi buscar nerviosamente su teléfono móvil en sus bolsillos y llamó a la policía local. En unos minutos se formó la de San Quintín. A los dos policías locales se les notaba incrédulos al principio, pero Roque resultó tan convincente que llamaron a Protección Civil. Nadie daba crédito a las palabras de Roque, el que la nota coincidiera con la de los mineros enterrados en Chile era más que sospechoso, pero mi vecino se lo tomó tan a pecho que todos pensaban que estaba loco o que algo raro pasaba allí abajo. Optaron por llamar a una empresa de mantenimiento de cloacas, a las tres horas llegó una furgoneta con un gran rollo de cable. Tenía una cámara de vídeo en su extremo. Lo desplegaron y recorrieron completamente el pozo de arriba abajo. En este trasiego llegaron dos unidades móviles de televisión.


La de Canal Sur llegó a conectar en directo y todo. Yo no sabía dónde meterme. En la tele pude ver a Roque con el papel en la mano dando explicaciones, pero su rostro y sus gestos no se parecían en nada a los del presidente de Chile. No me lo pensé mucho y me fui de mi casa sigilosamente. Cuando llegué de nuevo, anocheciendo ya, sólo estaban allí los dos policías, el alcalde y Roque. Les vi despedirse y allí terminó todo. Bueno, todo no, porque el pobre Roque pasó toda la noche junto al pozo… y el día siguiente completito… y los tres días que han pasado desde aquello. Y yo no sé que hacer Alinando. Si se lo explico me mata, estoy seguro, pero si no se lo digo creo que le va a dar algo a este hombre… míralo, acabo de girarme para mirar por mi ventana y allí está, echando su gorra hacia atrás y rascándose la calva mientras mira por el hueco del pozo.

Un abrazo y espero tus consejos.
Tu amigo de la mili, el Trosky.

11 comentarios:

tangai dijo...

Buenísimo. Podría ser un ejemplo de lo que se puede liar por nada. No, por nada no. Y es este afán de las gentes de la tele por ser los primeros en decir las noticias, aunque sean rocambolescas.
Un abrazo.

Ernesto Laguna dijo...

Te has cubierto de gloria, no sólo por lo verosímil, también por la manera de tenernos en el pozo de la atención. Apúntate 7, hoy te lo mereces.

genialsiempre dijo...

Que grandísimo ....diría Roque, pero que gracia.
Textos como éste son los que hacen falta más a menudo. Bueno para no pedir mucho, un par de ellos diarios

Equilibrista dijo...

Qué divertido el texto. Muy simpático. Alinando ha estado en todas. Qué pillín! Normal, que haya que pedirle consejo sobre gastar bromas... y sobre resolverlas :P
Aunque me pregunto si la carta del Trosky no sería tb una broma a Alinando xD

PD: Anda que si las hormigas pudieran escribir notas...

Pedro dijo...

Jaja, pues yo me imagino al propio Alinandito como protagonista de esta historia, no me extrañaría nada que fuese cosa suya, muy propio de él. Aunque tampoco es de extrañar que vaya dejando discípulos suyos a su paso por el mundo.
Muy bueno.

Gitana dijo...

Y aquí estoy yo para coroborar esa historia. Resulta que ese día había quedado con Alinandito para ir a la pista de sky, en Medina. De camino a su casa, curiosa como siempre, ví a un barullo de gente que miraba por encima de la valla de una casa, muy coqueta por cierto. Me subí en el pretil y ví allí a los locales, a la cámara de Canal Sur y entre tantos, a Roque y su cara de espanto. Pero lo que me pareció aún más extraño es que de la casa de al lado ví como un señor se deslizaba por los setos que separan ambas casas, y quien me iba a decir a mí, que ese señor era el Trosky, amigo de batallitas de Alinando.

Qué curioso las casualidades de esta loca vida.

Desde aquí, mis saludos para Alinando, Roque y Trosky.

evatm1@hotmail.com dijo...

qué bueno joé, qué historia más wena y más bien contá

Arruillo dijo...

Divertido, sin duda, muchas de estas historias le harán falta a los mineros chilenos para superar el tremendo golpe del encierro bajo tierra.
Enhorabuena.
Saludos

Anónimo dijo...

A pesar de mi gran madurez, sigo siendo un iluso.Cuando ví la noticia en Canal Sur, me quedé boquiabierto y estuve varias horas, intentando encontrar una explicación a la aparicion de la nota de los mineros chilenos en un pozo español.
Como para mandar lejos al Troski ese.

María Dolores dijo...

Pues he llegado un poco tarde, casi no tengo nada que decir que no hayan dicho ya los demás y coincido con Ernesto en que me has mantenido en el pozo de la atención. Ahora me queda una duda y es que le hubiese contestado Alinando a su amigo, pero mejor adivino la respuesta, me voy a tele 5 que paga más que el Canal Sur y me cubro de gloria.

Sencillamente genial,

Loli

Melkar dijo...

Este Trosky tiene Trisnina....