Tu sonrisa cae ahora como gotas de lluvia... entra generosa por la ventana que sólo dejé entreabierta, compañera.
Tu voz entrelaza mis sentidos con la sabia que es tu regalo, compañera.
Entre tardes de pequeños minutos, teoría de cuerdas y frases certeras... te quedas, compañera.
Un sólo toque al agua cristalina y sus ondas se propagan lejos, perfectas y hermosas. Ahí te sigo viendo, compañera.
Gracias por estar, por ser, por tu templanza y tu entereza. Por tu mirada, por tu mesura, por tus palabras, por tu cariño, por tu abrigo, por tu esperanza, por tu fuerza, tu voluntad, tu poesía, compañera.
Aprender de ti ha sido un lujo que apenas acerté a navegar pero aún así te siento inmensa, compañera.
Trenzada tu esencia maravillosa entre las manos de todos a los que la vida ha puesto en tu camino... ahí sigues, compañera.
Aquí estás. Libre, como siempre. Compañera.