lunes, 28 de enero de 2008

Tarea con retraso

Perdonen mi tardanza al colocar la tarea de la semana pasada, con el lio de quién lo publica no me he puesto hasta hoy con el ordenador, asi que ahí va la tarea, para los que no pudieron venir y sobre todo para Benjamín, que sé por él mismo que la hace aun sin venir a clase: había que seguir una historia con este comienzo:
Cuando el cadáver de la abuela comenzó a oler mal decidimos sin demasiados remilgos que había que sacarla fuera de la casa...
Ra

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Cuando el cadáver de la abuela comenzó a oler mal decidimos, sin demasiados remilgos, que había que sacarla fuera de la casa, no porque no la quisiéramos, sino porque a ella le gustaba estar fuera, sentada como decía "a la recachita del sol".
Cuando vivía le gustaba estar sentada en el banco que hay justo al lado de la puerta, allí estaba horas enteras, viendo sin mirar a todo el que pasaba, enterándose sin oir de todo lo que ocurría a su alrededor, algunas veces creíamos que se había quedado dormida, allí sentada, pero no, estaba a lo suyo, en sus pensamientos, en sus historias, cuando la llamabas, te miraba con esa mirada azul celeste casi blanca con que miran los que ya casi no ven, te sonreía con esa sonrisa triste con la que ríen los que, como ella, han vivido una eternidad, que han padecido, que han sufrido, pero que aún quieren y saben sacarle partido a la vida, cuando te hablaba lo hacía despacio, sin prisas, bajito, para que solo tú te enteraras de lo que decía, con esa sabiduría de toda una vida.
A mi me gustaba sentarme a su lado y aprender. Así que ahora que ya no está, que su cadáver empieza a oler, lo hemos sacado no porque no la quisiéramos, sino porque queríamos que siguiera en su "recachita"



Pilar Ledesma

genial siempre dijo...

Cuando el cadáver de la abuela comenzó a oler mal decidimos, sin demasiados remilgos, que había que sacarla fuera de la casa, y la dejamos en el porche sentada en su mecedora, en espera de poder ocuparnos de ella al día siguiente, cuando todo estuviese ya más tranquilo.
Por la mañana, cuando me levanté, el sol ya daba de pleno, así que salí precipitadamente al porche pensando que la abuela podría estar descomponiéndose más rápido de lo previsto. De hecho me sorprendió un enjambre de insectos diveros, avispas, mariposas, moscas..., que pululaban en torno a ella. No era esa la idea que yo tenía de una descomposición de cadáveres, así que, lentamente y con precaución me acerqué para ver cual era la causa que había atraído aquel enjambre.Con sorpresa, observé que la cara y manos de mi abuela rezumaban una sustancia dorada y pegajosa que debía ser la causante del problema. Mi hermana Eva, se le había ocurrido para combatir el hedor, embadurnar el rostro y manos de la abuela con miel y el resultado estaba a la vista.

genial siempre

Raquelilla dijo...

Vaya dos peasos de relatos que nos habeis regalao en el blog, un 10´5 a c/u.

Escuela de Letras Libres dijo...

Me han encantado, gracias.

Eva.