viernes, 11 de septiembre de 2009

Cazador cazado


La oscuridad pesaba como un manto de rocas malolientes.

Las pupilas negras del cazador ocupaban la totalidad de sus lagrimosos ojos. No era la primera vez que se enfrentaba a la criatura, pero el miedo aún le seguía paralizando el aliento.

El silencio era atronador.

Su corazón parecía galopar desbocado por un inmenso vacío negro profundo. Sabía que la criatura se ocultaba cerca; podía oler su hedor nauseabundo; presentía su mirada pétrea clavada en su nuca... siempre en su nuca.

Aún le ardía la pantorrilla derecha, como vestigio intimidador de su anterior enfrentamiento, aquella otra noche pasada de valor encendido, que acabó con sus huesos tendidos en la húmeda arena de la caverna maldita.

Pero en esta otra ocasión no podía permitir que volviera a sorprenderlo, no debía hacerlo. El futuro de la humanidad estaba en juego, además de su orgullo; quizá éste más importante aún. Y el cazador lo sabía.

Por eso se mantenía agazapado, acechante, mirando a cada lado, sin ver absolutamente nada. De su mente no podía apartar la imagen de unos dientes sanguinolentos, afilados, bajo una mirada de fuego que le atravesaba el corazón y le hacía temblar hasta el último de sus pelos. La imagen del ser más despreciable y salvaje que pudiera concebirse desde el inframundo, el único lugar capaz de engendrar una criatura de semejante maldad.

El hedor iba en aumento. Al igual que el terror que le envolvía.

El inquietante momento del choque final se acercaba; lo intuía... lo temía.

De repente, un roce inesperado en el costado le obligó a girarse, dando un respingo sobresaltado y torpe, blandiendo su arma acerada a diestro y siniestro, sin el menor atisbo de éxito en la embestida.

Algo le atenazaba el brazo ejecutor.

El cazador intentó zafarse de su opresor, pero, en su apresurada huída, tan sólo consiguió trastabillar con la masa informe que le rodeaba y oprimía, cayendo irremediablemente al frío suelo.

En ese mismo instante, presa del horror de verse vencido y al borde de la más temida de las muertes, en espera de la dentellada final, una luz poderosa y cegadora emergió de la nada, enfundándolo en un estado de confusión y perplejidad absoluta.

Al mismo tiempo, surgiendo de la profundidad cavernosa, envolviendo la luz, el miedo e incluso a la misma criatura que aún lo aferraba con furia, un grito espeluznante acabó con las escasas esperanzas que le quedaban de salvar su integridad:


¡¡¡Pedrito, te tengo dicho que no juegues a oscuras en el dormitorio!!! ¿Otra vez quieres hacerte daño en la pierna con la cómoda? Y se puede saber qué demonios haces en el suelo enredado en la cortina. A tu padre vas ahora mismo.

Venga, que ya está la cena puesta.”


“Sí, mamá” —dijo el cazador, derrotado y cabizbajo, al tiempo que se levantaba y se dirigía hacia la puerta.


Pero justo antes de salir, tras darle al interruptor que apagaba la luz, no pudo reprimir una mirada huidiza hacia el insondable abismo que dejaba atrás, y que era cruzado a la velocidad del rayo por una sonrisa hueca y malvada, y un par de puntos de fuego luminosos al fondo del todo le recordaban que tenían una cuenta pendiente.


Esa noche volverían las pesadillas.


*Imagen de la sierra de Baza.

5 comentarios:

genialsiempre dijo...

Lástima que no me salen las imágenes, porque el texto se enriquecería aún más, pero tampoco es necesario, porque se vive el terror infantil. No me extraña que de esas luchas te vengan los dolores de espalda

José María

Anónimo dijo...

pesadilla de niño poeta que vive la realidad imaginada...lo que consigues con tu relato. Fita

Anatxu dijo...

Estoy segura que, con el autor que tiene,no tendrá ningún problema a la hora de ganar esa batalla....
genial, Pedro. Conseguiste que volviera a ser niña otra vez.
Besos

Equilibrista dijo...

pedro como nos has llevao por la calle oscura, para darnos un buen susto, y una sorpresa final

muy bueno

las últimas líneas, geniales

ole
deivid

Carmen dijo...

Me encantan los relatos circulares como este, creo que se llaman así, de estos que cuando creer que vas a terminar empiezas de nuevo...uff, estoy espesa con las explicaciones. Totá, que me ha gustado mucho y ya está. Besos.