jueves, 1 de marzo de 2012

Tarea anti-cuento



Con su saquito a la espalda, el ratoncito Pérez se quejaba de la azarosa noche que llevaba. Empezó a colarse bajo las almohadas de los niños en cuanto se ocultó el sol. Ya eran las cuatro de la madrugada y seguía sin parar. Menos mal que todo aquello merecía la pena, ya que la ACD (Asociación de Cocodrilos Desdentados) pagaba muy bien el kilo de dientes sanos.

Luciérnagacuriosa

6 comentarios:

Equilibrista dijo...

Me encanta el remate final jajaja. La ACD qué bueno. Y además son cocodrilos, que precisamente se caracterizan por sus potentes mandíbulas. Eso lo hace más humorístico. Por cierto, digo yo: ¿tendrá que vender los dientes por la crisis? xD

Me has sacado una sonrisa Luciérnaga. Nunca me había imaginado al señor Pérez así. No me imaginaba que tenía tanto trabajo! Yo que de pequeño pensaba que el día que se me caía un diente sólo se me había caído a mí, así que Pérez sólo tenía un trabajo para ese día. Se ve que tenía que atender a muchos niños. Chica velocidad la de ese ratón! Eso es currar y no lo de los Reyes Magos o Papá Noel.

Por cierto: algunos de los gijoes y tortugas ninja de los que hablé en el relato de mi infancia me los trajo el Ratón Pérez :D

Luciérnagacuriosa dijo...

Te contaré un secreto Equilibrista: El ratón Pérez y yo somos parientes lejanos, así que me ha contado multitud de secretos, entre otras cosas, que lo de la crisis a él jamás le ha afectado y nunca lo hará, siempre habrá dientes de sobra. Lo que sí me ha contado de la crisis es que ahora los regalitos los compra en el todo a cien.
Gracias por compartir una sonrisa, es lo que pretendía.

Pedro dijo...

Jeje, ya me preguntaba yo que qué haría con tantos dientes.
Imaginación al poder.

Carmen dijo...

jaja, que bueno, voy a tener que dar a leer este cuento a mis sobrinos, que andan un poco incrédulos...ayyy, ¿quién tiene la pócima que retenga unos años la inocencia?

Alinando dijo...

Cuentos como éste son el ingrediente para esa pócima, Carmen. Me recuerdo de pequeño con un diente menos y buscando mis diez reales bajo la almohada. Descubrir que no estaban allí resultaba descorazonador. La sonrisa al leer este cuento me ha reconciliado con el pasado.

Equilibrista dijo...

Reconciliarse con el pasado... Qué importante es eso. El otro día pensaba en ello cuando paseaba por mi vieja barriada, donde crecí y fui niño. La infancia perdida que no volverá pero a la vez está ahí...

Son fantasmas, pero fantasmas buenos... Ay... :)