domingo, 3 de agosto de 2008

LAS VACACIONES DE UN GADITA



LAS VACACIONES DE UN GADITA

Cuando se acercaba el mes de Junio, mi Chari, como acostumbraba por esta época, me preguntó
– ¿Dónde vamos a ir este año de vacaciones?
– Todavía queda mucho tiempo, ya lo iremos viendo – le contesté. Yo sabía que esa respuesta, serviría para callarla durante poco más de una semana, ya que la experiencia me decía que pronto volvería a la carga.

Es curioso, pero mi santa, a pesar de que no salimos de viaje desde los tiempos en que teníamos el seiscientos, todo es comenzar a ver los anuncios de bikinis del Corte Inglés, y ponerse a dar la tabarra con las vacaciones, pienso, que se imagina tostándose al sol en las playas caribeñas como las modelos que salen en la pantalla.

A mí eso de salir de viaje, no es una cosa que me entusiasme demasiado, pero si me gustara me tendría que joder, porque la economía familiar la tenemos hecha polvo, y aunque ahora todo se le achaca a la famosa crisis, yo en crisis he estado siempre, así que cuando oigo a los políticos decir que acabamos de salir de un tiempo de bonanza económica, a mí se me revuelven las tripas, porque yo la única bonanza que he conocido, eran las películas de combois que con ese nombre ponían en la tele, cuando era chiquitito.

Yo cuando cojo las vacaciones, acostumbro a irme con la Chari todas las mañanas a la playa grande, al balneario; nos llevamos nuestras butacas y la sombrilla para estar cómodos, yo me compro el Marca, y echo un ratito de lectura para ponerme al día de los fichajes que se hacen por estas fechas. Nos ponemos siembre cerca del chiringuito, para poder ir al servicio de vez en cuando por lo del problema de mi próstata; en realidad lo que hago, es aprovechar para darme una escapadita y refrescarme con un tinto de verano, antes de venirnos, si el tiempo acompaña, me doy un bañito, porque a mi en verdad el agua no es que me disloque. Con este panorama ¿como voy a desear unas vacaciones diferentes?

Agosto se acercaba, y yo seguía dándole largas a la parienta cada vez que me sacaba el tema del viaje. Una noche en el telediario, echaron un reportaje en donde comentaban que la última moda era el turismo…emitológicoergológico…, bueno no me acuerdo bien del nombre sé que terminaba en lógico, en definitiva de lo que se trataba según decía, era conocer la cultura del vino, con visitas a las bodegas, cursos para conocer los vinos, y muchas cosas más relacionada con el mostacán. Al oír el comentario se me encendió la bombilla, y al día siguiente puse en marcha una estrategia que tenía preparada, y mientras cenábamos como el que no quiere la cosa, saqué la conversación:
– Gordi, se me ha ocurrido que este año podíamos tener unas vacaciones diferentes; las vacaciones que están de última moda en todo el mundo: el turismo…– intenté acordarme del nombre pero fue inútil, con lo bien que me hubiera venido para adornar mi proyecto – de la cultura del vino. – Mi parienta me miró con una mezcla entre la sorpresa y la desconfianza, yo a renglón seguido, comencé a desarrollar la propuesta:
– En nuestra provincia, tenemos todo lo que necesitamos para hacer este tipo de turismo, en El Puerto, Jerez y Sanlucar, hay infinidad de bodegas que son verdaderas joyas, donde vienen turistas de todo sitios para empaparse de su cultura, y nosotros imperdonablemente, teniéndolas tan cerca no las conocemos. Así que podríamos dedicar unos días del permiso a visitarlas.
– Manolo, yo se lo que te gusta un vaso, pero no sé a que viene ese interés repentino por la cultura, aunque sea la del vino – me lanzó la Chari con cara de mala leche .

Aunque no logré entusiasmarla, pero afortunadamente tampoco vi en ella un rotundo rechazo a lo que le estaba proponiendo, al fin y al cabo era algo diferente a lo de los últimos veinticinco años. Para intentar ganármela, proseguí:
– Además, una tarde más que otra podremos ir al cine, al que no vamos desde cuando empezaron a poner las películas del destape. – Yo cada vez intentaba poner más entusiasmo a mis palabras –Me he enterado que este verano estrenarán una de barman, el hombre murciélago de los tebeos que yo alquilaba de niño, ya verás lo bien que lo vamos a pasar. Chari como de costumbre, se resignó, yo le conté la misma milonga de siempre: que el próximo año seguro que estaríamos más recuperados económicamente y podríamos irnos a algún sitio

El primer día de vacaciones, decidí que visitaríamos una bodega de Jerez. A primera hora de la mañana, estábamos en el patio principal rodeado de un grupo de chinos, otro creo que de alemanes y unos pocos viejales españoles, que por la forma de hablar me parece que eran del norte. Una muchacha muy mona nos iba explicando las cosas en español y cuando terminaba, una compañera también muy guapa, lo repetía en extranjero. A mí en realidad la cosa no me estaba entusiasmando demasiado, y lo que estaba deseando es terminar el paseo para tomarme la degustación que ponía en la entrada, a la Chari no me atrevía preguntarle si le estaba gustando, pero la miraba de reojo y la veía contenta.

Por fin cuando terminó el recorrido, nos metieron en un salón muy grande lleno de mesas y sillas, con unas lámparas que parecían las de la catedral. Nosotros nos sentamos al lado de los españoles, porque aunque parecían muy antipáticos , al lado de quién si no, nos íbamos a sentar. Al ratito entraron unas chavalas con botellas y catavinos y empezaron a servir un vino blanco fresquito, que a mí me entró de maravilla, y con la sed que tenía me supo a poco y aprovechando que a mi Chari no le gusta, me pegué otro lingotazo; a medida que las copas se vaciaron las muchachas amablemente nos la volvieron a llenar.

Los chinos que entraron muy calladitos, cuando se tomaron los tres cacharros, empezaron a reírse como si le estuvieran haciendo cosquillas en los pies, los alemanes cada vez hablaban más fuerte y los cachetes se le iban poniendo como la túnica del Nazareno, y los españoles empezaron poco a poco a darnos conversación.

Las camareras retiraron las copas y trajeron otra limpias, en ese momento una de las guías nos dijo que seguidamente íbamos degustar un vino generoso, orgullo de la bodega. La verdad que estaba bueno aquel caldo, y por fin la Chari, como era dulzón también se lo zampó.
Los alemanes empezaron a brindar, y a cantar supongo lo que serían coplas de su tierra, cuando terminaron uno de los españoles cantó me parece que una jota, y los chinos mientras tanto no paraban de sacar fotos y reír, mirándonos a todos con cara de ratitas americanas . Cuando terminó de cantar el de la jota, yo que estaba muy a gustito, me puse a tocar las palmas para acompañarme por bulerias pero mi parienta, adivinando mis intenciones me pegó un puntapié bajo la mesa que me paró en seco.

Después, nos pasaron a una especie de tienda donde vendían los vinos que elaboraban en la bodega; la mayoría de los presentes, se lanzaron a comprar un estuche muy aparatoso con tres botellas entre las que estaba el generoso de marras, a cincuenta y ocho euros la broma. Yo que no quería hacer el ridículo, sin pensarlo y lo que es peor sin consultárselo a la Chari, me compré el estuche, cuando ella regresó del lavabo y vio la compra me metió por lo bajini, una bronca de antología.

Ya de vuelta a casa, al salir de una curva un guardia civil que estaba en el arcén junto al coche patrulla, empezó a hacerme señas para que me parara.
– Te lo dije – gritó la Chari, histérica.
El agente se acercó a la ventanilla, y después de un educado saludo me dijo:
– Ha cometido una infracción en el kilómetro treinta y ocho, pasando una limitación de velocidad de ochenta a ciento diez kilómetros por hora.
Yo intenté camelármelo diciéndole que no me había dado cuenta, ya que soy un conductor que le gusta cumplir con las normas, pero el tío me cortó en seco diciéndome:
– Le voy a someter al test de alcoholemia
Supongo que no me debió ver muy sereno, el caso es, que cuando soplé en el aparato me dijo:
– Tiene usted una tasa de alcohol de cero treinta y siete
– ¿Eso es mucho, agente? – Le pregunté con un hilillo de voz.
– Lo suficiente para que le tenga que poner otra sanción, y que usted no pueda conducir el vehiculo por lo menos hasta que pasen un par de horas.

Y ahí nos tiene a la Chari y a mí, en medio de un descampado a más de cuarenta grados de temperatura sin tener donde meternos.

Mi mujer seguía erre que erre con que me advirtió que no bebiera más porque tenía que conducir.

El único sitio que encontré para guarecernos, fue el chamizo de un vendedor de melones que estaba en la cuneta de enfrente, allí me dirigí sin pensármelo, ya que por lo menos lograría librarme de la monserga de mi parienta.

A las cinco de la tarde llegué a mi casa cansado, y más cabreado que un mono, y cuando empezaba a relajarme, oigo a la Chari contándole por teléfono a su hermano Paco lo que nos había ocurrido. En todas las familias hay un listo, y en la mía es mi cuñado Paco. Nada mas colgar con la cara desencajada me gritó.

– Dice mi hermano, que la multa que te van a meter puede ser de hasta de mil euros, además de un año de retirada del carné.

Al oír estas palabras no sabía si irme corriendo para la peña a echar una partida de dominó o meterme en al cama hasta el día de la vuelta al trabajo.

Después de horas sin dirigirnos la palabra mi mujer volvió a la carga:
– Por lo que nos va a costar tu invento, el hijo de mi amiga Manoli ha estado una semana en Cancún de viaje de novios.

Ni siquiera le contesté, pero se me vino al pensamiento, que después de esto, el que se iba tener que largar no se si a Cancún, era yo, para esconderme de todos a los que debía dinero..


JUAN


5 comentarios:

genialsiempre dijo...

Esto es un buen relato urbano, de los que cuentan la realidad cotidiana. Me gusta mucho Juan, podías seguir con los protagonistas en diferentes situaciones.

jose maría

Pedro dijo...

Me has hecho reir de lo lindo, Juan. Será porque me he visto identificado en más de una ocasión mientras leía. Has descrito muy bien las vacaciones de muchos que conozco, ¿será tu caso también?
Un abrazo y a ver si puedes hacer un esfuerzo y nos vemos el jueves.

Anónimo dijo...

Je je je, qué bueno!! Si no te importa podríamos hacer uno de nuestros encuentros en esa bodega, seguro que por una vez se harían libres de verdad nuestras letras, pero claro, alquilando un autobús para que no haya sorpresas en el camino de vuelta... ;-)

Antoñín

Raquelilla dijo...

Y lo mas bueno de todo es que seguro que a mas de uno le ha pasado algo parecido, o incluso peor... es buenísimo, Juan.

Marga dijo...

¿Por qué será que todos se parecen un poco a Juan, y todas nos parecemos bastante a Chari...?

Bueno y verídico el relato.