viernes, 17 de octubre de 2008

Hablábamos el miércoles de pasarnos libros que nos hayan gustado, Yo voy a procurar llevaros varios el próximo día, uno de ellos es la vorágine, de José Eustasio Rivera. Es un libro que leí hace tiempo como lectura obligada y ahora que me he vuelto a reencontrar con él me he dado cuenta de lo mucho que cambió mi visión sobre la naturaleza en su estado más puro y también sobre la naturaleza humana. No es lectura fácil, pero si eres valiente y te atreves a escudriñar por entre sus bejucos comtemplarás imágenes que jamás soñaste.
Yo aún permanezco desorientada. Un detalle: el autor se empeña en llamar desierto a la selva. El libro también tiene diálogos y acción pero mis párrafos preferidos han sido los descriptivos. La única pega es que el libro es un poco machista. Bueno, no se puede tener todo. Os dejo un párrafo.

"Oh selva, esposa del silencio, madre de la soledad y de la neblina! ¿Qué hado maligno me dejó prisionero en tu cárcel verde? Los pabellones de tus ramajes, como inmensa bóveda, siempre está sobre mi cabeza entre mi aspiración y el cielo claro, que sólo entreveo cuando tus copas estremecidas mueven su oleaje, a la hora de tus crepúsculos angustiosos. ¿Dónde estará la estrella querida que de tarde pasea las lomas? ¿Aquellos celajes de oro y múrice con que se viste el ángel de los ponientes, por qué no tiemblan en tu dombo? ¡Cuántas veces suspiró mi alma adivinando a través de tus laberintos el reflejo del astro que empurpura las lejanías, hacia el lado de mi país, donde hay llanuras inolvidables y cumbres de corona blanca, desde cuyos picachos me vi a la altura de las cordilleras! ¿Sobre qué sitio erguirá la luna su faro de plata? ¡Tú me robaste el ensueño del horizonte y sólo tienes para mis ojos la monotonía de tu cenit, por donde pasa el plácido albor, que jamás alumbra las hojarascas de tus senos húmedos!
Tú eres la catedral de la pesadumbre, donde dioses desconocidos hablan a media voz, en el idioma de los murmullos, prometiendo longevidad a los árboles imponentes, contemporáneos del paraíso, que eran ya decanos cuando las primeras tribus aparecieron y esperan impasibles el hundimiento de los siglos venturos. Tus vegetales forman sobre la tierra la poderosa familia que no se traiciona nunca. El abrazo que no pueden darse tus ramazones lo llevan las entredaderas y los bejucos, y eres solidaria hasta en el dolor de la hoja que cae. Tus multísonas voces forman un solo eco al llorar por los troncos que se desploman, y en cada brecha los nuevos gérmenes apresuran sus gestaciones. Tú tienes la adustez de la fuerza cósmica y encarnas un misterio de la creación. No obstante, mi espíritu sólo se aviene con lo inestable, desde que soporta el peso de tu perpetuidad, y, más que a la encina de fornido gajo, aprendió a amar a la orquídea lánguida porque es efímera como el hombre y marchitable como su ilusión."

2 comentarios:

Pedro dijo...

No me estraña que te enamoraras del libro. Si todo es como lo que has escrito, es toda una joya.

Escuela de Letras Libres dijo...

Se me olvidó firmar.
Estuve pensando en lo de las lecturas obligatorias y en un término que crearon en Norteamérica para referirse a ellas. DWEM (dead white european male) se critica que en la enseñanza se da como referentes principalmente a varones europeos blancos muertos, y se pretende que la enseñanza sea multicultural.

Pedro no sé si el libro es para enamorarse, a mi más bien me impactó porque aquí tenemos una naturaleza demasiado domesticada. Es un libro bastante crudo, no es fácil de leer pero aún así lo recomiendo.

Eva.