
Al regreso,
un paisaje ocre,
dominado por girasoles,
va filtrando imágenes de días pasados,
de momentos inolvidables.
La mirada interior va saltando
entre la belleza asesina de la adelfa florecida,
adornando jardines, coloreando veredas,
hacia el verde sucio del alcornoque despellejado.
Y en el oído,
la estridente chicharra,
que es como un moscardón enorme,
y sonidos de pájaros,
desconocidos e insomnes,
invitan a imaginar parajes remotos
del pasado más salvaje.
En las horas más tórridas,
nos hacemos eco de aquellas palabras milenarias
que nos advierten que el calor se vence con la quietud,
a la que nosotros añadimos interesantes tertulias
y manjares de la tierra,
elaborados por manos expertas.
Niños jugando, bebé riendo, mamás atareadas....
y el cerebro inquieto:
¿por qué a veces es tan complicado salir corriendo?
Arañas espeluznantes, ratones descarados,
tímidas lagartijas e insectos inexplicables;
paredes encaladas y montañas huecas por todas partes...
No mires a lo lejos, que todo está aquí al lado.
Las ruedas giran,
el coche no para,
y en lo más profundo del cerebro,
aún bailan las estrellas,
jugando a quebrantar su inmovilidad eterna,
recordándonos que también el mundo avanza.
En mi mente,
la certeza de que todo fue bien,
nunca llegó a faltar la cerveza.
El viaje no termina cuando se deshacen las maletas,
sino cuando se olvida.
6 comentarios:
Sólo he estado una vez en Cortés de la Frontera y resulta precioso que hagas una memoria a un viaje a un lugar tan entrañable. Preciosa la última frase: "El viaje no se termina cuando se deshacen las maletas, sino cuando se olvida". No he podido evitar hacer un paralelismo con los recuerdos.
Me ha encantado.
Un saludo,
Loli.
Amen....
Totalmente de acuerdo...y sobre todo en lo de la última frase. Pero no solo con los viajes, si no con todo.
Todo o nada se termina hasta que se olvida.
Que envidia me producen estos miniviajes¡¡¡¡
Grandes besos para todos
Perfecto. El resumen mejor y más bellamente contado que puede hacerse del viaje. Suscribo cada palabra, cada línea...todo el texto.
José María
He tenido la suerte de estar al menos tres veces en Cortes de la Frontera, recorrer sus senderos, montarme en el tren hasta la Garganta del Guadiaro -enorme ese Gaspi-, conocer la casa de piedra, subir a las simas de Libar, tratar con su gente y compartir -como tú- unas estupendas veladas con los amigos. Tanto he vivido en Cortes de la Frontera, que el paso del tiempo no ha conseguido borrar casi ni un ápice de mis horas entre sus bosques.
Un saludo
esta claro que los versos los encontrastes entre alcornocales...lo que hace falta es verlos y para eso hay que ser poeta. Fita
...madres atareadas...y que lo digas, colega, que no paré un minuto con los niños de los c.,mñnfñan, jijijijiji. Me ha encantao, y yo, si me permites, añado:
y caminos plagados de pedruscos movedizos se niegan a dejarte marchar...jajajajaja
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