lunes, 1 de junio de 2009

Vale ya de amores, coñiiii Un cuento, pa variá


Érase una vez que se era, en un lugar muy, muy cercano... aquí mismo, vaya, en el salón de mi casa; y en un tiempo nada, nada remoto... casi hace un rato, para que nos entendamos, ocurrió el hecho más sorprendente e inesperado de cuantos hechos sorprendentes e inesperados pudieran ocurrir; una cosa la mar de rara, que se dice, vayan vuesas mercedes haciéndose una idea.

Y como servidor de ustedes no es de esos que se guardan las cosas para sus adentros, que poco provecho viene a tener esa manía, pienso yo, pues me da el contar todo lo por mí oído, que no vivido, no se vayan a pensar. Porque resulta que esto tan extraño que paso a relatar inmediatamente, llegó a mi entendimiento a través de un pequeño pez, de esos de colorines, que vive en un estanque que corre por el lugar mencionado, de aguas verdes y transparentes, como luna de escaparate de El Corte Inglés, miren ustedes. Es bien conocida la sinceridad y honestidad que estos bichos ostentan, ya sea por lo memoriados que son, también de sobra conocido este detalle, o por lo avispados que resultan ante tantas nuevas experiencias que les acontecen durante sus prolongadas vidas. De ahí mi tranquilidad al exponer a sus mercedes lo que por su boca salió, líbreme el Altísimo y que me cuelguen por mis atributos de la rama más alta de este álamo que me cobija, si miento o exagero en algo de lo que diré a continuación. Y este punto debe quedar bien clarito, pues nada más lejos de mi intención que poner en entredicho mi intachable fama de persona honrada y bien dispuesta para decir verdad en todo asunto que se tercie.

Pues como decía, asomábase el pececito a través de estas aguas limpias, las mismas que en tiempos de antaño vieron surcar navíos imponentes en pie de guerra, que no vayan a pensarse que esto me lo contó también el susodicho pez, a tanto no llega su longeva existencia, no, de esto de las batallas navales de la antigüedad por las aguas que bañan el salón de mi casa vine a enterarme por unos escritos grabados en un gran pedazo de hielo que trajo la marea hasta la orilla más próxima al sofá, durante un día de aquellos de largo viento de poniente y calor sofocante. Que uno, aunque un poco despistado, también es instruido en el arte de las letras escritas, qué se creían, si no ¿de qué iba a estar tan bien mirado por el barrio?

Pues eso, que salió el animalito y ahí que me lo soltó todo, sin omitir ni una sola coma, con todo lujo de detalles, dejándome tan boquiabierto como seguro que quedarán todos ustedes, vaya que sí, si no al tiempo.

Y no quiero dilatarme más con tanta palabrería vacía, porque más de un espabilado pensará que nada tengo que decir, ya saben la de malpensado que anda suelto por el mundo, válgame Dios. No quisiera tener que repetir lo poco aficionado que soy a jugarme la credibilidad que me caracteriza y por la que tanto andan siempre buscándome en reuniones y demás correrías de amiguetes dispuestos a la charlatanería, quede claro el asunto.

Sin más dilaciones ahí va el tema, avisado han quedado más que de sobra, que conste, no me vengan después con aquello de “no me lo puedo creer” o “que me parta un rayo si eso es verdad”, les prevengo que soy de fácil enojar y de más rápido entrar al quite, que como me entere de que alguien pone en duda lo contado, no respondo de mi empuje, que también soy afamado por mi incontenible arrebato. Ya les digo que a las buenas soy como el mejor, pero cuando me tientan.... cago en Dios, qué me ciego, ¿eh? ¡Qué me ciego! Y me lío a mamporro con ‘to’ lo que se menea. Ahí queda dicho y avisado.

¿Qué iba diciendo? ¡Ah sí! Lo del boquerón ese, que ya se me va olvidando con tanto dime y direte. Pero es que tiene que ser así, si no después pasa lo que pasa. Y es que estas cosas de tanta enjundia para el día a día hay que hacerlas bien, o mejor no se hacen, porque para chismorreos ya están los demás, vuesas mercedes, que son gente de grandes entendederas, seguro que me comprenden, ¿no es verdad? Pues claro, si es lo que yo digo.

Bueno, antes que nada decir lo embobado que me quedé en viendo salir al pescado de marras como ya he dicho, porque sí, ya pasó de pez a pescado, no pude evitarlo, y es que lo de mi carácter de ‘echao palante’ no iba en broma, ¿qué se creían? Lo vi ahí tan brillantito y como metido en manteca que se conservaba el condenado, que daba gloria verlo, vamos, y me fue imposible aguantar el arranque de trincarlo, como se imaginarán. Y es que uno de esos entre dos cachos de pan y unas rodajas de tomate está que ni pa’qué te cuento.

A lo que iba, que se me va el santo al cielo...

¡Ahí va, la ostia, que me quedo sin papel para terminar este cuento!; ya estoy viendo por ahí la rayita de puntos que me dice que hasta aquí hemos llegado. Verán ustedes, que no es muy de mi agrado eso de alargar las historias, que ya me conozco yo al personal y sé de buena tinta que en cuanto ven más de cuatro palabras seguidas se echan a temblar, porque es así, qué vamos a hacerle. Pues no soy yo nadie en eso del calado humano, que me las pinto solito; más quisiera yo poder dar rienda suelta a mis saberes, y no por mí, qué va, sino por aquello de ilustrar al gentío, que buena falta le hace; ustedes se lo pierden, conste.

Pues lo dicho, que ya les contaré en cuanto pueda lo que me dijo el calamar ese.... ¿o era un renacuajo? Bueno, lo que sea, qué más da, que no soy yo de esos que gustan andar perdiéndose en detalles, qué les voy a contar que no sepan.

Por cierto, ¿conocen vuesas mercedes el cuento de la buena pipa?

9 comentarios:

Anónimo dijo...

pues no que me he quedado enganchada con tanta cháchara y se nos va a quemar el potaje...!Qué bocanada de agua con pez más bien hilada...Fita

Alinando dijo...

¿Y qué más da lo que dijo el bicho?Casi mejor así. Que el pez al final no haya salido del agua no es mala cosa, que los peces brillan y nos deleitan con sus colores dentro del agua, no fuera.


Buena retahila, si señor.

Anónimo dijo...

VAYA ROLLAZO, COOOOOOÑI!!!!!!

genialsiempre dijo...

Me ha gustado ...será erl pez llamado Wanda?, la próxima vez pregúntale el nombre.
Y ¿todo esto se te ocurrió mirando la pecera?. Es que es lo que yo digo, para inspirarse cualquier cosa vale.

José María

Anónimo dijo...

Más ingeniosos que todos los amores. ¿O es que amas a tu pez?
De cualquier manera eso de la variación y de tu cuento inacabado pero entretenido le ha venido muy bien al blog.

Anónimo dijo...

Me ha parecido genial¡¡¡¡
Que manera de hablar sin decir nada.jejejejejej pero contando mucho...

anatxu

Carmen dijo...

A mí me ha recordado a gente que yo conozco, de las que tardan medio día en contarte algo. Muy gracioso, Pedro, y muy bien contado, un acierto poner un toque de humor entre tanto amor.

Arruillo dijo...

De vez en cuando se nos ocurren cosas como estas para destascar la imaginación, que como todas las cosas tiene sus días buenos y sus días malos. El cuento de la buena pipa, tan antiguo como la vida misma, es un buen recurso para salir de algún que otro atasco.
Te felicito.
Un saludo

Raquelilla dijo...

Más de una te da covichi con esas historietas vacías y llenas a la vez, que por hablar no dicen na, y por ganar don de gente lo pierden tó, anda que no hay vecinas así desperdigás por cada barrio...dos casas más pallá sufro una de ellas, como las almorranas, oye, que latazo de mujé. Sublimemente sinsentido Pedro, me encantó.
Ra