miércoles, 17 de junio de 2009

Paranoias mentales

Siempre he pensado que, con respecto al término de nuestros días por este mundo, lo realmente importante no es el “cuándo” ocurrirá, sino el “cómo”.

Dejo un par de ejemplos como ilustración.

(Todo no va a ser jijiji jajaja).


1º Caso:


–Mire usted, señor, yo me encontraba tan tranquilamente desayunando en mi casa, solita como siempre, cuando de repente aparece por el otro extremo de la mesa, asomando la cabecita por encima de un periódico viejo que allí había, uno de esos bichos tan asquerosos y que tanto repelús me dan. Y claro, qué iba a hacer yo; agarré con fuerza la tabla de madera de cortar el pan, que era lo que más a mano tenía, y me lié a testarazo... ¡toma, toma, y toma, cucaracha inmunda, para que no vuelvas más por aquí!... bueno, no vea, un numerito, que allí la dejé con la cabeza destrozada y chorreando esa cosa viscosa y repugnante que esos bichos echan cuando se les aplasta. ¡Qué fatiga me dio! ¿Comprende usted, verdad?

–¿Tiene el señor fiscal alguna otra pregunta para la acusada?

–Sí, señoría, una más. Señora Bermúdez, ¿amó usted alguna vez a su marido?

–Perdón... no entiendo... ¿marido?... ¿qué marido?

–No hay más preguntas.


2º Caso:


Tras tantos meses postrado en la cama, sin poder moverme ni decir media palabra, prácticamente se puede decir que acabé habituándome a la situación, por lamentable que pudiera parecer. No cabe duda de que para ello contribuyeron aquellas dulces manos, tan suaves y delicadas, que con tanto primor me atendieron durante mi convalecencia, supongo que de alguna joven enfermera, pero que yo, en mi imaginación efervescente, colocaba al extremo del ser más bello, ardiente y sensual que jamás pudo existir. Y no debía ir muy desencaminado, porque pocas personas son las que realizan su trabajo de forma tan entregada, siempre acompañada de sublimes melodías amenizando nuestros encuentros, y sin faltarle fragantes aromas a rosa y jazmín que me erizaban los bellos del alma cada vez que se me acercaba, porque los otros no había quien los moviese.

Nada que ver desde luego con la arpía de mi mujer y el infierno que me hizo pasar durante los últimos años que pasamos juntos, antes del accidente. Siempre agradecí que no prolongase mucho sus visitas, total para qué, continuamente discutiendo con los médicos... Hasta aquel día, el último. Recuerdo perfectamente las palabras del doctor... las últimas que oí en mi vida:

Efectivamente, señora, tenía usted razón; aquí tenemos el testamento vital de su marido. Todo está en orden, el juez ya ha dado su permiso. Así que por nuestra parte no queda más que apretar este botón que apagará la máquina.

Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii.”

Y yo me pregunto, ¿qué será eso del testamento vital?

7 comentarios:

genialsiempre dijo...

Buenos textos Pedro, además me han inquietado, voy a buscar eso del testamento vital, por si acaso.

Anónimo dijo...

Estoy con jose maría. Muy buenos. El de la cucaracha me ha parecido tan real que no te vayas a pensar que no ha ocurrido nunca.....más de una le plantaría la tabla a esa subespecie de cucaracha llamadas "maridos".....
Ya decía yo que me sonaba esa escena.
jajajajajja
besos

Anatxu

Arruillo dijo...

No sería la intención, pero a pesar de la seriedad del tema, has conseguido unos textos que si que arrancan una sonrisa. Son muy buenos. Felicidades

Anónimo dijo...

humor negro, negrísimo...la vida misma. Fita

Anónimo dijo...

Me ha encantado la originalidad de contar una realidad que si bien no se da en todos los casos se da en bastantes. La excusa de la cucaracha es muy ingeniosa y el desenlace final aún más. ¿Se liberó por fin el matrimonio?

Raquelilla dijo...

"El testamento vital de una cucaracha" me han encantado los dos, incluso les encuentro un punto de unión muy sugerente, jijiji.
Ra

Equilibrista dijo...

yo también he pensado que podía haber conexión entrambos, muy divertidos por cierto