miércoles, 28 de diciembre de 2011

Tarea navideña


Aquella mañana, Dios se levantó malhumorado y me pidió de desayunar un par de huevos fritos con bacon
 ...un tazón de leche con Cola Cao y media porción del bizcocho de manzana que aún quedaba de la merienda del día anterior. Por supuesto se lo comió todo, aunque a regañadientes; ese día no estaba para agradecimientos ni zalamerías. No me molestó en absoluto; yo ya sabía lo que tocaba aquel día, y comprendía que no sería plato de buen gusto para nadie. Tenía razones más que de sobra para hacerlo, pero aún así no tenía que haber sido nada fácil tomar una decisión tan drástica y fulminante. Cierto que la humanidad no se encontraba en uno de sus mejores momentos, demasiado perdida en el plano material. El Jefe ya les había concedido innumerables oportunidades para aprender la lección, pero... nada, continuaban igual de ignorantes tras miles de años de existencia. Parecía un caso perdido.
Afortunadamente, eran otros tiempos, ya no sería necesario construir un gran arca de madera donde meter cientos de parejas de animales de todo tipo. Fue suficiente un buen helicóptero con capacidad para varios contenedores de mediano tamaño, donde se introdujeron las cámara refrigeradas con las muestras genéticas de cada una de las especies existentes en aquel momento sobre la Tierra. Eso redujo bastante el tiempo de ejecución de la empresa. Más trabajo costó el encontrar un buen piloto; no había muchos santos capaces de manejar un cacharro de esos, así que hubo que improvisar: un compañero reencarnado nos habló de un chaval “mu güenecito” (así lo definió él mismo) que era un fiera manejando un simulador de vuelo de la PlayStation 3. Dios no se lo pensó mucho, como era en ÉL habitual (así le salía todo), y dijo que sí, que el chico podía servir, “cuanto más joven, más inocente” fueron sus palabras. Al principio el muchacho se asustó un poco, pero en cuanto le enseñamos el helicóptero de abastecimiento de la armada norteamericana se le hicieron los ojos chiribitas y olvidó por completo de qué iba todo aquello.
Y al fin llegó el día, aquella mañana tocaba comenzar lo que llamamos Operación Diluvio Universal II. El Jefe presionó el botón e, inmediatamente, una manta de agua con una fuerza sobrecogedora empezó a caer sobre cada palmo de tierra. No tardó en producirse el caos. Lo gracioso fue que, con la excitación del momento, nadie recordó avisar al joven piloto del instante preciso en el que tenía que partir y, cuando nos dimos cuenta, corrimos como locos y con el alma en vilo, bajo un aguacero de mil demonios, hacia el hangar donde se encontraba el artefacto guardado. Al llegar nos temimos lo peor...
...pero, por suerte, el helicóptero ya no estaba allí.




5 comentarios:

genialsiempre dijo...

Bueno,muy bueno, pero ahora hay que seguirlo,,,,,

Luciérnagacuriosa dijo...

Me ha encantado, lleno de originalidad y frescura. Chapó!!
Yo ya he terminado también el mío sobre Dios, y estoy deseando saber qué narrativas curiosas salieron de las frases que nos dió el profe.

Carmen dijo...

Uy uy, nos vas a dejar en verguenza a los que todavía no hemos hecho las tareas, y que puede ser que llegue el día de la vuelta al cole y sigan deshechas. Que bueno, Pedro,me ha encantado. A ver si cojo idea.

Un besito.

Alinando dijo...

Lo de salvar las muestras genéticas está comenzando a ser algo más que ciencia ficción. Muy bueno, Pedro. Ayer me dijo Luz lo de la tarea y me puse manos a la obra. Esto se anima. A ver cuántos compis se atreven a saltar a la arena, jejeje.

Asteroide B 612 dijo...

Creo que un nuevo arca no sería suficiente. Un abrazo Pedro y felicidades por ese relato tan buenísimo.