miércoles, 12 de noviembre de 2008

Onomatopeya II



Escuchad golondrinas espaciales
de sabor un tanto amargo.

Escuchad esta perorata infame
de ruidoso silencio
y de audiciones de retablos,
o de música angelical
a punto de interrumpir el tin tin,
de la pertinaz campanilla
con sonido a eucaristía,
tin tin tin tin tin tin tin tin tin.

TALGO, EXPRESO, RAPIDO. Vía dos.

La entrada apabullante
de la férrea serpentina lejana,
que aflora su ensordecedor
saludo de armonía nocturna.

Esta última estación
que sigue ávida de fútbol y jazz,
que pasa el tiempo bebiendo,
comiendo, fumando y rezando,
con tal de no morir pronto,
como lo hiciera el gran galán
o el amigo encontrado.

RRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRR.

Bisagras nefastas de ataúdes,
escuchad mi antisermón que, hoy trata
sobre las emisiones de dolor
y sobre la atención prestada.

¡¡¡Ambos pecados distan de veniales!!!
¡¡¡celebrémoslo escuchando
algún saxo tenor de algún festival!!!
alguna melodía quebrada,
o algún zapatero a tus zapatos.

Chucu chucu chucu chucu chucu chucu chucu chucu chucu.
Adiós convoy, o mejor dicho,
adiós sonido mentiroso.

Chucu chucu chucu chucu chucu chucu chucu chucu chucu chucu chucu.
Piiiiiiiiiiiiiii piiiiiiiiiiiii piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii.

Quiquiriquí quiquiriquí quiquiriquí.

Y al fin llegó
pronto
el acero.


Antonio Fassa.

5 comentarios:

Escuela de Letras Libres dijo...

Esto no es un sonido, es un popurrí de ellos... jejeje. Pero con mucho arte, Antonio. Sigue deleitándonos, porfi. No soy mucho de leer poesía, pero contigo es fácil engancharse.

Antoñín

Pedro dijo...

Tú poesía sí que tiene ritmo, y si encima le pones sonido...
Bravo Antonio.

genialsiempre dijo...

Antonio, la poesía es bella, pero oírtela recitar esta tarde ha sido todo un ejemplo de como escribir y leer poesía. Me descubro

José María

Raquelilla dijo...

Tanto en el sonido como en el olor cohinciden tus caminos en un andén: para este hombre un escaléstric por reyes, jijiji. Sensacional poema, Antonio, como todos los tuyos.

Equilibrista dijo...

Me gustó mucho Antonio, y oírtelo leer todavía mejor. El ritmo me recuerda al del tren con ese tono machacón, y el contenido le sigue el ritmo, va metiendo siempre el dedo en la llaga. Pueden venir todos los antisermones que hagan falta. Me encantó.