-Ponte esto mismo, Raquel, fíjate si tendrá años, era de tu abuelo Sánchez.
Y antes que lo mencionara le olió, le sintió, le recordó cogiéndola entre sus ásperas manos, sonriendo hacia el aire mientras la zarandeaba, enseñándole las lagunas que habitaban entre dientes y muelas, ausencias testigos de un longevo pasado.
Se colocó la prenda para salir, agolpandose así los tomates recién calentados, el alpiste que caía lentamente de las jaulas de canarios, la bahía penetrando por las ventanas del décimo piso, el interminable pasillo que comunicaba las habitaciones con el salón...olió el alma de aquel anciano, aun después de estar lavado seguía impregnado de su ser. Mientras subía el cuello para saborearlo mejor supo que nunca desaparecería su aroma...su herencia.

3 comentarios:
Es realmente tan emotivo...un olor que va de una generación a otra...Es muy tierno.Fita
Raquel, Raquel... con tus estudios ganarás en sabiduría y nosotros perderemos tu presencia...que le vamos a hacer, aunque espero que no tus relatos.
Si lo que cuentas te ha pasado en realidad, es el mejor homenaje que le has podido hacer al abuelo. Es bueno a fuer de sencillo.
Totalmente verídico, Juan, al detalle, me alegro de que te haya gustado, y no te preocupes que la tarea no la dejo.
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