miércoles, 21 de enero de 2009




Aquejado de una polineuritis de origen alcohólico… yo? lo que tengo es que me tiemblan hasta las ideas del frío que hace y no se me evaporan ni los tragos que me bebí anoche.

Lo dicen los análisis, Paco. Se lo vengo repitiendo desde que lo conozco: no puede seguir bebiendo, ¡si apenas prueba bocado! Mire el susto que les dio a los de la peña, se desmayó y tuvieron que ingresarlo de urgencias. ¿A qué no había cenado?

¡Qué saben los análisis!, le cuentan ahí cómo se ahogan las penas, le dicen cómo huir de las ausencias, le informan a quién se espera o se desea o se añora, de verdad conocen lo que mueve al corazón, lo que exhalan los deseos, lo que vomitan los rencores, lo que taponan los recuerdos…?

No se vaya por las ramas…lo que tiene es que no se contiene y se deja llevar por las chaladuras del pensamiento. Somos química, Paco, no poesía. Fíjese cómo terminó D. Quijote.

Cuerdo, que es la forma de perderse la existencia.

¿Qué voy a hacer con usted? Tendré que llamar a sus hijos.

¡Qué sinsentido el cuidar a los viejos!: no haga esto, no coma aquello, no se mueva… Nos desnaturalizan. Qué quieren que nos perdamos lo mejor de esta edad: desvelarnos de nosotros mismos, decaparnos de lo que nos sujeta, nos aprieta, nos enrolla, nos encierra., nos acojona…ser libres hasta de nosotros mismos. ¡Anda y que se jodan!

Con algunos viejos es imposible…A la salud de esos viejos ¿se bebe una?

Mejor para que nos dejen ser viejos.
Fita



5 comentarios:

Carmen dijo...

Qué frescura y desenfado tiene tu texto, me ha gustado mucho, en un diálogo corto has conseguido que nos hagamos una idea muy rica de cómo era y cómo vivía ese hombre. Muy muy bueno. Hasta dentro de un rato. Bss.

genialsiempre dijo...

Fita, comparto plenamente los pensamientos de tu querido "viejo", quizás porque ya estoy en la edad que refleja tu texto, que por cierto me parece soberbio.

José María

Pedro dijo...

Muy bueno, Fita. Has expresado muy bien todo mi sentir, y eso que aún soy joven. Espero recordarlo cuando llegue a viejo, que espero que sea nunca. O sea que si llego a viejo es que ya lo habré olvidado ¡qué paradoja!

Escuela de Letras Libres dijo...

Es temprano, pero me están entrano unas ganas locas de pegarme un chicotazo. Imagina un análisis médico donde dijera: Tiene usted un síndrome poético de ausencias, exceso de luna incendiada en los leucocitos y languidez de ruiseñores en el hígado. Tratamiento a seguir: chicotazos mil. De viejo yo iría a ese médico, sin duda.

Antoñín

JUAN dijo...

Mi tío abuelo nos contaba que de niño lo metieron en un hospicio, y nos decía que antes que terminar sus días en un asilo, prefería morir.
(aquelloslos asilos , regentados por monjas ¿de la caridad?)
Al igual que José María, me siento solidario con tu "viejo". Será que estoy en el umbral de la vejez.
Entre Carmen y tú me habeis emocionado.
Besos