domingo, 25 de enero de 2009

QUÉ MONO

Este ejercicio lo llevé a medias al taller y se notó bastante que lo terminé de mala manera.Por eso doy las gracias a M.Angel por la buena crítica y también al locuaz silencio de los demás. No sabeis qué cosas cuenta el silencio.He hecho la corrección para cumplir con lo fijado. Y así queda el relatillo:

Aquejado de una polineuritis de origen alcohólico se adentró en las entrañas de la feria de su pequeño pueblo en la que reinaba los estridentes sonidos de los más grandes altavoces del mundo, buscando algo. Se paró un instante en una de las casetas de tiro al blanco y apoyó su temblorosa mano en una de las paredes de ésta. Al momento todos los objetitos coronados por su correspondiente palillitos empezaron a moverse. Todos fallaron el tiro. Se llevó el mayor abucheo de su vida, pero parecía que no iba con él. Se dio la vuelta y dejando una estela de insultos a sus espaldas continuó su torpe caminar. Como el color amarillo era su preferido se detuvo instintivamente en una pequeña casetilla donde infinidad de desconcertados y pálidos patitos giraban entorno a ellos mismos, y a la vez en sentido contrario de las agujas de cualquier reloj, empujados por una corriente invisible de agua. Sin sacar dinero alguno de su bolsillo cogió una de las cañitas de bambú con su ganchito de alambre en la punta y recordando parte de su niñez se aventuró a la pesca de patos. El dueño del tenderete intentó quitarle la caña pero le fue imposible de buenas maneras y optó por empujarle ya que las madres no se acercaban con sus niños. Con tanto ímpetu lo hizo el feriante que le lanzó como el hombre bala, cruzando la única calle que dividía la feria en dos y tambaleándose y agarrándose donde pudo se sentó en lo primero que alcanzó para intentar calmar el temblor que padecía. Levantó ambos brazos y se asió con sus trémulas manos al respaldar que le rodeaba.

Parecía un enorme muñeco dentro de una enorme taza que giraba, que giraba, que iba y que venía y que en un inesperado frenazo le hizo salir disparado ahora contra el gastado mostrador de metal de una caseta cercana.


Con sus manos apoyadas en él levantó la cabeza y ante su cara,( aquel día todo le venía grande), apareció un gigantesco vaso lleno de tinto. Se asomó a él y vio sus ojos temblando en la superficie y se los bebió. Otra vez consiguió dejar los temblorosos recuerdos para otro momento. Aquella noche pudo dormir tranquilo. Eso era lo que andaba buscando.


Un saludo.
moy.

4 comentarios:

Pedro dijo...

No juzgues todos los silencios igual, pero bueno sigue pareciéndome igual de bueno e ingenioso que cuando lo leiste en clase. Quizás la diferencia radique en que aquel día tú mismo nos predispusiste (vaya palabreja) a escuchar algo incompleto.
Digo yo.

Carmen dijo...

Reconozco que tengo un grave problema, y es que me cuesta muchísimo seguir el hilo de una historia que me leen, a no ser que se lea muy despacio y con entonación, y a mi parecer nosotros lo hacemos bastante rápido,(yo a varios km/h más que todos). Por eso mismo le dije a Pedro que me enviara la suya por email, porque en absoluto puedo dar una opinión cuando había trozos del texto que se me habían ido. Lo mismo me pasó contigo, por eso mi silencio, y seguro que el de muchos de los compañeros, pero ahora leído ya sí te puedo decir que lo considero un texto muy expresivo, con una descripción tan rica que me parece haber estado dando vueltas por la feria. Qué faena eso de la falta de voluntad, y que faena tener que ahogar los recuerdos en alcohol. Me ha gustado mucho.

genialsiempre dijo...

Moisés: el relato me gustó cuando lo leíste y ahora que lo has redondeado me gusta todavía más. Tiene gracia, chispa e ingenio, pero todo dentro de un color de realismo ferial que conocemos todos muy bien.
Una vez más mi enhorabuena.

José María

Anónimo dijo...

Seguramente los silencios brotaron de tu historia: dura, sincera, real...nos tocastes ...Fita