domingo, 14 de marzo de 2010

Mufín, el hamster miedoso


Supongo que os sorprenderéis de esta entrada. Esto sí que es una ñoñería, pero me apetecía compartirlo con vosotros. Ayer me pidió mi sobrinita Lidia un cuento y me puse manos a la obra. Con cariño para ella, y para Marta y Fátima.
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Mufín, el hamster miedoso
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Mufín era un hamster color chocolate con leche. Su timidez hacía que constantemente se tapara la cara con sus patitas delanteras. Hacía como si se la lavara, pero en realidad disimulaba ante sus compañeros. Era tan tímido el pobre… Vivía en la casa de Lidi, una niña rubia y siempre sonriente que le decía constantemente que él era su animal favorito. Pero él no se lo creía, ya que envidiaba al resto de animales que correteaban alegres por el jardín de la casa: el pollito Marillo, el conejito Píbodi, el gato Frufrú, el perro Lucas y el caballo Pancho… Mufín recelaba de todos ellos, les temía y les tenía como sus enemigos. No se daba cuenta de que en realidad se le acercaban con ternura para intentar jugar con él.
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Un día acudió a la fuente de las piedras rosas. De entre aquellas hermosas rocas del jardín salía a veces una hermosa hada, el hada de las piedras rosas. Sólo lo hacía los días de mucha humedad para sacudir las pequeñas gotas de rocío que se le acumulaban en las alas. Mufín se quedaba como hipnotizado cada vez que veía los pequeños diamantes líquidos saltar por los aires como si fueran unos mágicos fuegos artificiales. Ese día se atrevió a acercarse para pedirle un favor. Hada hermosa -le dijo- tengo miedo de mis compañeros los animales del jardín, quisiera crecerme ante ellos, ser más fuerte y conseguir asustarles cada vez que se acerquen a mí. El hada sonrió y accedió al tiempo que le decía: Te veo tan asustado que voy a concederte el deseo, pero antes tengo que informarte de algo: Si algún día ves que a pesar de ello sigues siendo desdichado, recuerda que la grandeza no depende del cuerpo que tengas, y que la amistad no depende de la apariencia física. Si algún día me necesitas, di las palabras mágicas
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Hada de las piedras rosas,
desisto de mi aventura,
ya entendí lo que decías,
devuélveme mi estatura.
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Al rato de volver a su rincón, el pollito Marillo se le acercó para intentar jugar con él. Mufín notó como se le hinchaba su diminuto cuerpo hasta ponerse más grande que el pollito, que salió corriendo asustado. Mufín se sintió orgulloso y feliz de su proeza. Poco después se le acercó el conejito Píbodi dando saltitos alegres y moviendo su hocico juguetón. Mufín creció tanto de una vez que también asustó al conejito. Lo mismo pasó con el gato Frufrú, con el perro Lucas y con el caballo Pancho, y cuando se vino a dar cuenta, ya era más grande que la puerta de la casa y se movía con movimientos torpes y pesados. Los maullidos de Frufrú, los ladridos de Lucas y el relincho de Pancho llamaron la atención de Lidi, la niña rubia. Cuando llegó ante tan monstruoso animal se asustó tanto que gritó y lloró desconsolada. Mufín se entristeció mucho al ver a su amiguita tan afectada. Intentó explicarse pero sus bufidos sólo conseguían asustarla más. Se sintió tan solo y triste que entendió entonces al hada de las piedras rosas y pronunció las palabras mágicas:
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Hada de las piedras rosas,
desisto de mi aventura,
ya entendí lo que decías,
devuélveme mi estatura.
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Y fue así que Mufín volvió de nuevo a su tamaño y a partir de entonces, después de pedir perdón a sus compañeros, jugó con todos ellos por el jardín como nunca lo había hecho. Y fueron felices y comieron… regaliz, porque las perdices a veces también se pasaban por el jardín a jugar con el hamster Mufín, el pollito Marillo, el conejito Píbodi, el gato Frufrú, el perro Lucas y el caballo Pancho.

11 comentarios:

Ernesto Laguna dijo...

Tan naïf como un domingo... entrañable.

María del Carmen dijo...

MUY HERMOSO Y TIERNO.

DEJA COMO ENSEÑANZA EL PERDÓN.

LO SIMPLE ES ESENCIAL EN LA VIDA,LAMENTABLEMENTE NO LO PRACTICAMOS.

TE INVITO A PASAR POR MIS BLOGS

UN CARIÑO Y MI PAZ
MARYCARMEN

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Dani7 dijo...

Buen relato con Moraleja.
Me encanta el Pollo Marillo, podria ser del Cádiz.

Un abrazo amigo.

Anónimo dijo...

tito, mañana me cuentas otro..fita

Raquelilla dijo...

Y a mí el Píbodi, que es un nombre que me encanta para una mascota, suena tan bien...esta noche se lo cuento a la Nury, a ver si le gu.
Ra

Pedro dijo...

Me has hecho sonreir... a mi edad... que sí, que sí, que va en serio. Tu sobrinita Lidia es una niña afortunada.

Antonio Fassa dijo...

Redondo. Dicen que escribir un cuento para niñ@s es mucho mas difícil que emprender una novela para adultos, con lo cual doble faena... pues eso un cuento redondo, y el mejor de los regalos.

Anónimo dijo...

Un cuento dulce, como el corazón de su autor...

Carmen dijo...

Me voy a imprimir el cuento, por si algún día tengo un chiquillo y me sale mu chiquitito, pa saber cómo consolarlo.

Me lo guardaré también para mí, que también tiene moraleja adulta subliminar, que la he visto.

Muy bonito, amigo Alinandito.

∞8∞ dijo...

muy buen relato, pero niño pejiguera que soy me surgió una pregunta: qué pasaría si en vez de un ratón que quiere ser grande fuera un elefante que ya lo es, se asustarían todos también, tendría que desear ser pequeño como el ratón?

Alinando dijo...

Jejeje... Pejiguera no, yo tampoco me quedo con ninguna duda, es norma de quien aspira al conocimiento. Yo creo que un elefante dificilmente querrá ser lo que teme (dicen que temen a los ratones), aunque de todo hay en la viña del señor. Las clínicas de cirugía estética están llenas de insatisfecho/as, por ejemplo. Pero está claro que este cuento en concreto está dedicado a los que se creen menos que los demás por su tamaño, no a otras manías igual de patológicas.