domingo, 22 de junio de 2008

Después

No había nadie
No atisbaba
ni el horizonte
la luz circulaba
sin velocidad neutrocional
no se movía
ni el pensamiento

Ni por caridad sistolaba mi corazón
Que hedia y exhalaba
amoniaco destilado
de deseo abortado de monje

Ni una aguja en el pajar
No encontraba más
Que el sabor de almendra
amargo
del día de después.

Fita

4 comentarios:

Pedro dijo...

Vaya manera de entrelazar las palabras. Te ha salido bordado... y con qué facilidad.
Te echaremos de menos.

JUAN dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
JUAN dijo...

No sé que has querido reflejar en este poema,pero yo lo he hecho mío y describe a la perfección como me he sentido después de una determinada circunstancia. Y a próposito de apropiarme del poema, me ha venido a la cabeza los versos del gran Alberti:
Cantad alto. Oireis que oyen otros oidos.
Mirad alto. Veréis que miran otros ojos.
Latid alto. Sabreis que palpita otra sangre.

No es más hondo el poeta en su oscuro subsuelo.
encerrado. su canto asciende a más profundo
cuando, abierto en el aire, ya es de todos los hombres

Anónimo dijo...

Describes tan bien ese instante que se te mete dentro. Me ha encantado Fita.

Antoñín