jueves, 28 de enero de 2010

MI VAQUERILLO

He dormido esta noche en el monte
con el niño que cuida mis vacas.
En el valle tendió para ambos
el rapaz su raquítica manta
¡y se quiso quitar-¡pobrecito!-
su blusilla y hacerme almohada!
Una noche solemne de junio,
una noche de junio muy clara...
Los valles dormían,
los búhos cantaban,
sonaba un cencerro,
rumiaban las vacas...
y una luna de luz amorosa,
presidiendo la atmósfera diáfana,
inundaba los cielos tranquilos
de dulzuras sedantes y cálidas.
¡Qué noches, qué noches!
¡Qué horas, qué auras!
¡Para hacerse de acero los cuerpos!
¡Para hacerse de oro las almas!
Pero el niño ¡qué solo vivía!
¡Me daba una lástima
recordar que en los campos desiertos
tan solo pasaba
las noches de junio
rutilantes, medrosas, calladas,
y las húmedas noches de octubre,
cuando el aire menea las ramas,
y las noches del turbio febrero,
tan negras, tan bravas,
con lobos y cárabos,
con vientos y aguas!...
¡Recordar que dormido pudieran
pisarlo las vacas,
morderle en los labios
horrendas tarántulas,
matarlo los lobos,
comerlo las águilas!...
¡Vaquerito mío!
¡Cuán amargo era el pan que te daba!
Yo tenía un hijito pequeño
-hijo de mi alma,
que jamás te dejé si tu madre
sobre ti no tendía sus alas!-
y si un hombre duro
le vendiera las cosas tan caras!...
Pero ¿qué van a hablar mis amores,
si el niñito que cuida mis vacas
también tiene padres
con tiernas entrañas?
He pasado con él esta noche,
y en las horas de más honda calma
me habló la conciencia
muy duras palabras...
Y le dije que sí, que era horrible...,
que llorándolo el alma ya estaba.
El niño dormía
cara al cielo con plácida calma;
la luz de la luna
puro beso de madre le daba,
y el beso del padre
se lo puso mi boca en su cara.
Y le dije con voz de cariño
cuando vi clarear la mañana:
-¡Despierta, mi mozo,
que ya viene el alba
y hay que hacer una lumbre muy grande
y un almuerzo muy rico... ¡Levanta!
Tú te quedas luego
guardando las vacas,
y a la noche te vas y las dejas...
¡San Antonio bendito las guarda!...
Y a tu madre a la noche le dices
que vaya a mi casa,
porque ya eres grande
y te quiero aumentar la soldada...

JOSE Mª GABRIEL Y GALÁN


Junto a mi niñez, quedó atrás la época, en la que un solo maestro ayudado por la peculiar sabiduría concentrada en la oronda Enciclopedia Álvarez, se ocupaba de nuestra enseñanza.

Un nuevo ciclo comenzaba, en el que cada asignatura era impartida por un profesor. Su atino en la manera de enseñar la materia, solía ser el polo de atracción del alumnado hacia ella.

El apasionamiento con el que un joven clérigo mostraba su amor por la literatura, hizo que muchos mozalbetes de aquel lejano curso, a pesar del tedio de los análisis sintácticos y las reglas ortográficas, quedásemos enganchados a las clases de Lengua.

Solía el aprendiz de cura leernos poemas, los cuales como tarea, debíamos de analizar y aprender. “Mi vaquerillo” de José Mª Gabriel y Galán, fue uno de los escogidos; recuerdo, que la sensibilidad y el ritmo de su recitado, fue el gran estímulo para que gustosamente me lo aprendiese.

Los años iban pasando y aunque el nombre del poema, de su autor y algunos de sus versos fueron abandonando poco apoco el lugar que ocupaban en mi memoria, lo que de él iba perdurando en mi mente, lo recitaba en tono jocoso en el círculo de mis íntimos, cuando las circunstancias eran propicias.

En tiempos en los que no existía el sabiondo Google, mi pretensión de encontrar a partir de unos deshilvanados versos, la obra completa y el la identidad de su creador, no fue tarea fácil.

Cierto día, uno de mis ocasionales oyentes, me entregó un libro, sin duda, mercadería de baratillo, con hojas amarillentas, huérfano de cubiertas, del que sobresalía un punto de lectura; al abrirlo por la página marcada, aparecieron los trasnochados y aún así queridos versos, tanto tiempo buscados.

JUAN

5 comentarios:

genialsiempre dijo...

Pues que decir, Juan, ¿que estos versos son maravillosos?, eso ya lo sabes tú, si no no los habrías buscado y publicado. Me parece que lo que más me gusta es que son versos "limpios", se alejan de las reivindicaciones sociales, de las proclamas, que no es que sean injustas, ni mucho menos, pero se agradece a veces leer algo tan transparente como estos versos.

José María

Pedro dijo...

Lo cierto es que el poema se lee que es un gusto, no me extraña que produjera tal efecto en ti.
Buen detalle el compartirlo con nosotros también y un placer verte aunque sea cibernéticamente. Algo es algo.

Ricardo Mena dijo...

De una musicalidad exquisita, para leerlo en voz alta más de una vez. Gracias por compartirlo.

Equilibrista dijo...

precioso poema... y con el añadido de tu historia todavía sabe mejor...

y encima te reencontraste con él en un libro añejo en el punto justo que te señalaba el marcapáginas...

¿existe el azar?...

Anónimo dijo...

poesía del pueblo para el pueblo como a ellos les gustaba decir...sigue emocionándonos. Gracias. Fita